El impacto psicológico detrás de Toy Story 5: especialista de la IBERO revela por qué los niños sufren al perder juguetes

La psicóloga infantil Myriam De Luna, de la Universidad Iberoamericana, equipara el extravío de un juguete con un duelo por la muerte de un ser querido
Con el próximo estreno de la quinta entrega fílmica de la saga Toy Story, resurge un cuestionamiento habitual entre familias y especialistas: ¿por qué el extravío de un juguete provoca un impacto tan profundo en la niñez? De acuerdo con la Dra. Myriam De Luna, experta en psicología infantil de la Universidad Iberoamericana, esta pérdida puede llegar a equipararse al duelo por el fallecimiento de un ser querido.
Esta intensidad emocional se explica porque el juego, y los objetos asociados a él, fungen comopilares esenciales en el desarrollo cognitivo y afectivo de las infancias.
El juguete como refugio emocional
Para comprender la magnitud de este vínculo, la Dra. De Luna recurre al concepto de “objeto transicional”, acuñado por el célebre psicoanalista Donald Winnicott, el cual consiste en:
- Anclas de seguridad: Ya sean mantas, peluches o figuras de acción, estos artículos auxilian a los infantes a gestionar la ansiedad y sentirse protegidos al momento de enfrentar las primeras separaciones de sus cuidadores principales, como sucede al ingresar a la guardería.
- El poder del animismo: Durante la etapa preescolar y los primeros años de primaria, los niños suelen atribuir vida, sentimientos e intenciones a sus juguetes. A través de este proceso de juego simbólico, logran fomentar su imaginación y procesar situaciones complejas que les resultaría difícil expresar verbalmente.
Un duelo auténtico e irremplazable
Separarse de uno de estos objetos de apegodetona reacciones diversas. Mientras algunos menores logran sustituir el artículo con rapidez, otros experimentan cuadros de ansiedad, tristeza intensa y un vacío comparable al generado por otras pérdidas significativas.
La especialista subraya que adquirir un reemplazo idéntico rara vez soluciona el dolor. Para el infante, el valor del juguete radica en su simbolismo único e intransferible: el olor característico del hogar, las vivencias compartidas o la conexión directa con una figura de apego. Por ello, resulta comprensible que los padres emprendan exhaustivas campañas y búsquedas para recuperar el muñeco original perdido durante un viaje.
El reto digital y los espacios de juego
La narrativa de Toy Story 5 también pondrá sobre la mesa un debate contemporáneo: la creciente competencia entre el entretenimiento tradicional y los dispositivos electrónicos. Al respecto, la académica recuerda que las directrices internacionales de salud recomiendan evitar el uso de pantallas en menores de dos años y limitarlo estrictamente durante la etapa preescolar.
Sin embargo, la Dra. De Luna advierte que el problema subyacente suele ser la carencia de tiempo y espacios de convivencia. “Cuando un niño tiene oportunidades reales para jugar, normalmente prefiere hacerlo”, afirma la experta, destacando la urgencia de promover entornos que inviten a la exploración física y la interacción social.
El ciclo de la madurez y el legado familiar
Eventualmente, el desarrollo social y emocional del niño da paso a nuevos intereses y amistades, propiciando un desapego natural. Lo más saludable, señala la experta, es permitir que el propio menor decida el momento oportuno para dejarlos ir, ya sea decidiendo compartirlos o donarlos.
No obstante, este desprendimiento no elimina el valor histórico del objeto; de hecho, la conexión afectiva puede trascender generaciones. En la adultez, redescubrir un viejo muñeco tiene la capacidad de evocar poderosos recuerdos familiares.
La propia Dra. De Luna relata cómo un Buzz Lightyear adquirido en los años 2000 es ahora el compañero de juegos de su hijo, demostrando que los juguetes no solo entretienen, sino que resguardan la memoria, prolongan momentos clave y permiten que las experiencias viajen intactas a través del tiempo.
Con información de Infobae