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Mundial Social: México vs. Estados Unidos: por qué Sheinbaum eligió este momento para su discurso más desafiante 

Según The Washington Post, Sheinbaum usa el discurso para esquivar críticas y preparar a Morena ante posibles derrotas electorales en 2027

El segundo aniversario del triunfo electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum se convirtió en el escenario de su mensaje más directo hacia Estados Unidos. El pasado 31 de mayo, desde el Monumento a la Revolución, Sheinbaum sintetizó la postura de su gobierno ante la escalada de presiones bilaterales: “México no acepta injerencias. Somos un país libre, independiente y soberano.”

La concentración —bajo el lema “la patria no se vende”— llegó en el momento de mayor tensión entre Ciudad de México y Washington en lo que va del sexenio.

Un contexto que no da tregua

El contexto bilateral no da tregua. En semanas recientes se registraron al menos tres puntos críticos:

  • El operativo de la CIA en la Sierra Tarahumara, donde murieron dos agentes estadounidenses y dos elementos de la Fiscalía de Chihuahua sin conocimiento previo del gobierno mexicano. La FGR abrió una investigación por presunta violación a la soberanía nacional.
  • La solicitud urgente del Departamento de Justicia para extraditar a 10 ciudadanos mexicanos, entre ellos un gobernador, un alcalde y un senador en funciones. La FGR la rechazó por considerar que las pruebas presentadas eran insuficientes.
  • El vencimiento en junio del plazo de revisión del T-MEC, que pone sobre la mesa la continuidad del principal acuerdo comercial de México.

En ese mismo período, el secretario de Estado Marco Rubio advirtió ante el Senado estadounidense que los cárteles mexicanos “podrían usar sus drones contra nuestros intereses”, al tiempo que presentó el Escudo de las Américas —coalición regional de más de doce países— de la que México, nuevamente, quedó excluido.

La lectura desde Washington

The Washington Post también vincula el discurso con la reunión previa entre Sheinbaum y el secretario de Seguridad Nacional Markwayne Mullin, que según el diario habría terminado en desacuerdo abierto tras exigir acciones concretas contra funcionarios mexicanos ya imputados en Estados Unidos por presuntos vínculos con el crimen organizado. Sin embargo, en su comparecencia ante el Senado estadounidense, el propio Mullin ofreció una valoración distinta: “Nos ha impresionado que hayan sido muy cooperativos, mucho más cooperativos que la administración pasada, pero aún creen en su soberanía y debemos respetar eso”, afirmó sobre su encuentro con Sheinbaum y su gabinete en Ciudad de México.

La postura del gobierno mexicano

Desde Palacio Nacional, la narrativa es diferente. Sheinbaum ha sostenido que el discurso responde a una ofensiva real desde el exterior” y no a un cálculo electoral. “En la circunstancia actual, con esta ofensiva que estamos viendo desde fuera, es importante que quede muy claro que en México decidimos los mexicanos”, declaró en conferencia matutina.

Un día después del mitin, la presidenta matizó su postura: aclaró que no considera que Trump encabece personalmente esa ofensiva y atribuyó las presiones a “otros sectores” del gobierno estadounidense, sin identificarlos. También fijó límites al embajador Ronald Johnson, quien había pedido en redes sociales que la lucha antinarcóticos no se convirtiera en una “discusión política”: “Los embajadores tienen que ser respetuosos de los asuntos políticos internos de los países”, respondió.

La reforma electoral: mismo texto, lecturas opuestas

La modificación al artículo 41 constitucional —que establece la injerencia extranjera como causal de nulidad electoral— es quizás el punto donde las dos lecturas divergen con mayor nitidez.

Para el gobierno, la reforma es una herramienta de protección democrática. Sheinbaum la defendió abiertamente: “Sí. Sí podría haber un riesgo de una intervención extranjera en las elecciones de México”, y citó como antecedente casos de presunto financiamiento externo a organizaciones civiles. La reforma fue aprobada con 307 votos a favor y 128 en contra en la Cámara de Diputados, y con 85 contra 42 en el Senado.

The Washington Post, en cambio, la describe como una “escapatoria legal” que podría usarse para “deshacer la voluntad popular si 2027 no sale como espera el partido gobernante”. En esa línea, el exembajador Arturo Sarukhán la calificó como “una de las piezas legislativas más graves, alarmantes y retrógradas de la joven historia democrática de México”.

Lo que sí reconoció la propia Sheinbaum es que la reforma tiene un vacío pendiente: “El asunto es cómo demuestras que en efecto hubo intervención extranjera en una elección, y eso tiene que venir en la ley de manera muy clara”, señaló. Esa definición quedará, por ahora, en manos del tribunal electoral.

2027, el horizonte que lo explica todo

En junio de ese año se elegirán 17 gobernadores, los 500 diputados federales y más de 2 mil alcaldes. Es en ese contexto donde ambas lecturas encuentran, paradójicamente, un punto de coincidencia: las decisiones de este mes —en materia comercial, de seguridad y electoral— definirán en buena medida el rumbo de la relación entre los dos países, y el margen de maniobra que tenga cada actor cuando llegue el momento de sentarse a negociar.

Con información de Infobae 

Con información de Publimetro