Editoriales

Mujer independiente

Escribía lo que le dictaba su alma y hacía aquello que le guiaba el corazón. Tras muchas caídas y derrotas había entendido lo hermoso que es ser ella misma, sin avergonzarse, sin limitarse por los miedos, por las críticas o por las expectativas de los demás.

Había aprendido que no tenía que pedir permiso para ser quien era.

Encontró tranquilidad en las cosas simples, pero necesarias: en la naturaleza, en una buena conversación, en la risa, en la música, en un café, en la lectura y en esos momentos de contemplación en los que podía simplemente estar consigo misma.

Leía aquello que la hacía crecer. Buscaba conocimiento, pero también conexión y calma. Iba a donde fuera necesario con tal de encontrarlas.

Pero ya no intentaba huir.

Había entendido que todo aquello que alguna vez le había causado ansiedad, tristeza o desesperación también tenía algo que enseñarle. Comprendió que algunas experiencias no podían saltarse; había que atravesarlas.

Y aunque muchas veces hubiera deseado encontrar un camino más sencillo, entendió que no hay atajos para aquello que verdaderamente transforma.

Tuvo que mirar de frente sus propios pensamientos, reconocer sus heridas y darse cuenta de cuánto daño podía hacerse cuando olvidaba su propio valor.

Durante mucho tiempo necesitó sentirse merecedora, amada, importante o simplemente valiosa a través de los ojos de alguien más.

Hasta que entendió que no necesitaba que nadie le confirmara aquello que ella debía comenzar a reconocer por sí misma.

Ella era valiosa. Incluso antes de que alguien pudiera verlo.

Era sensible y no siempre se adaptaba fácilmente a los ambientes cuadrados, llenos de reglas, exigencias y formas establecidas de hacer las cosas. Como a muchas personas les pasa, alguna vez sintió que tenía que encajar en determinados espacios, ya fuera en el trabajo, en la escuela o incluso en algunas relaciones.

Pero con el tiempo entendió que no hacía falta entenderlo todo.

Había cosas que no necesitaban tantas explicaciones.

Había que aprender a sentir.

Sentir el cuerpo.

Sentir las emociones.

Sentir la vida misma.

Aprendió a escuchar cuando su cuerpo estaba cansado, cuando algo no le hacía bien, cuando necesitaba detenerse y cuando algo dentro de ella le decía que era momento de avanzar.

La mujer independiente se conoce.

Es compasiva consigo misma y evita juzgarse constantemente. Sabe que también puede equivocarse, cansarse, tener miedo y no tener todas las respuestas.

Conoce su alma.

Sabe recibir y sabe dar amor.

Conoce su lugar en este mundo y, aunque no puede evitar que la vida la lastime, ha aprendido a protegerse de aquello que no está dispuesta a permitir nuevamente.

Ya no se protege desde la lucha.

Se protege desde el amor propio.

Está blindada, pero no de indiferencia: está blindada de amor propio.

No regala su energía en cualquier lugar. No entrega su paz a cualquier persona. No permite que cualquiera tenga acceso a las partes más sensibles de su vida.

Aprendió a elegir.

Y cada día intenta bañarse en amor, como un regalo que se hace a sí misma. Porque entendió que también merece recibir de ella misma todo aquello que durante tanto tiempo buscó afuera.

La mujer independiente entiende que la vida es un regalo y, al mismo tiempo, una experiencia llena de altos y bajos.

Hay días maravillosos y días difíciles.

Hay momentos en los que todo parece tener sentido y otros en los que simplemente toca seguir caminando.

Pero ya no se rinde.

Aprende a jugar el juego.

Aprende a disfrutar el camino, a equivocarse, a comenzar nuevamente y a confiar en que incluso aquello que no entiende en el momento puede terminar convirtiéndose en una gran enseñanza.

Se siente merecedora.

Merecedora de amor, de respeto, de abundancia, de tranquilidad, de experiencias bonitas y de una vida que tenga sentido para ella.

Ya no necesita perseguir aquello que siente que debe ser suyo.

Aprende a confiar, a recibir y a reconocer que muchas de las cosas que llegan a su vida también tienen relación con aquello que piensa, siente, permite y está dispuesta a construir.

La mujer independiente tiene voz propia.

Y la hace notar a donde llega.

Pero no necesita pelear para ser escuchada.

Se da a respetar porque se respeta.

Sabe amar porque se ama.

Sabe acompañar sin perderse.

Sabe dar sin olvidarse de sí misma.

Puede ser la mejor amiga, esposa, amante, madre, compañera, profesionista, emprendedora o todo aquello que se proponga, porque entiende que ninguna de esas etiquetas limita todo lo que puede llegar a ser.

Es auténtica.

Y quizás esa autenticidad incomode a algunas personas.

Quizás porque ya no se deja influenciar fácilmente por falsos halagos o adulaciones. Quizás porque ya no necesita que alguien le diga constantemente lo maravillosa que es para comenzar a creerlo.

Ya no vive para agradar.

Vive para ser.

Y esa mujer independiente tampoco le teme a la soledad.

Porque aprendió a estar consigo misma.

Disfruta de sus momentos a solas. Puede caminar, leer, tomar un café, escuchar música, contemplar la naturaleza o simplemente quedarse en silencio sin sentir que algo le falta.

Y cuando está en compañía, no está porque necesite que alguien llene un vacío.

Está porque quiere compartir.

Porque sabe que una cosa es necesitar a alguien y otra muy distinta es elegir compartir la vida con alguien.

Esa mujer eres tú.

Cuando así lo decidas.

Cuando decidas amarte a manos llenas.

Cuando dejes de tener miedo a quedarte sola y comprendas que tu propia compañía también puede ser un hogar.

Cuando dejes de buscar afuera la aprobación que necesitas darte tú.

Cuando entiendas que no tienes que convertirte en otra persona para merecer amor.

Cuando finalmente comprendas que no necesitas ser perfecta para ser valiosa.

Esa mujer eres tú cada vez que te eliges.

Cada vez que escuchas tu voz.

Cada vez que respetas tus límites.

Cada vez que te perdonas.

Cada vez que vuelves a empezar.

Cada vez que decides que tu paz también importa.

Porque ser una mujer independiente no significa no necesitar a nadie.

Significa poder amar sin dejar de amarte.

Poder dar sin olvidarte.

Poder caminar acompañada sin perder tu propio camino.

Y, sobre todo, saber que pase lo que pase, siempre puedes volver a ti.

Porque tu lugar seguro también puedes ser tú.

Te escribe Diana Carreño tu psicóloga de corazón ♥️ esperando que este mensaje de reflexión y calma llegue a tu vida cuando más lo necesitas.

Te invito a escuchar también el programa  Sintonía al corazón ♥️ en tu estación de radio SuperKT 88.5 y la Power 98.3 FM todos los jueves de 12-1 desde California medios en Tecate.