México se puso otra vez la verde para el Grito: así cambió la fiesta en el Zócalo tras de la ilusión del Mundial 2026

El pasado 15 de septiembre los habitantes de la Ciudad de México salieron con su playera de la Selección Mexicana a celebrar la Indepencia
No fue lo mismo y aunque eso tal vez era lo obvio, muchos mexicanos desde temprano fueron a sus clósets y tomaron la playera verde, blanca o negra de la Selección Mexicana para colocarsela una vez más.
La diferencia era clave entre junio y ahora: ya no se trataba del Mundial 2026, sino del Grito de Independencia.
TikTok e Instagram se llenó desde las primeras horas del 15 de septiembre de nostálgicos videos del ‘¿Y si sí?’, ‘Quiere volar’, Julián Quiñones y Gil Mora.
Algunos yendo al trabajo y otros descansando, los habitantes de la Ciudad de México se transportaron a sus trabajos esperando que la historia tal vez pudiera repetirse otra vez.
Los capitalinos celebraron el Grito de Independencia desde el Zócalo (Zurisaddai González/Infobae)
No fue lo mismo
Conforme fue cayendo la noche, en Paseo de la Reforma los automóviles seguían circulando con naturalidad. A lo lejos un resquicio: en una estación del metrobús aún permanecen señalamientos para no subirse a los techos de la estación.
El contexto: durante algunos de los juegos de la Selección Mexicana, los aficionados rompieron algunas de estas estructuras por subirse a festejar.
Al llegar sobre Avenida Juárez el panorama parecía ir cambiando, ya que los puestos con sombreros, moños y objetos tricolor adornaban toda la calle.
Mexicanos disfrazados de mexicanos transitaban sonrientes. Bigotes falsos, máscaras de águila, flores en la cabeza y, claro, la playera de fútbol en una repetición constante.
Los capitalinos celebraron el Grito de Independencia desde el Zócalo (Zurisaddai González/Infobae)
Elotes de 25, churros, pambazos, carne, botanas de a 10, la verbena en su máxima expresión, todos a la expectativa.
10 de la noche, Madero está lleno, pero tampoco intransitable. Las familias avanzan con sus penachos iluminados, maracas y algunos hasta cervezas traen en la mano.
Intocable suena a lo lejos y ya en la plancha del Zócalo aún hay lugar. Los adornos iluminados de este año no incluyen a Miguel Hidalgo, ni Morelos, sólo mujeres. La banda continúa con su show, algunos cantan. Las parejas bailan enamoradas.
Falta sólo media hora para el Grito y la música para. Los melancólicos lanzan espuma y en cuanto eso sucede la mirada colectiva se gira hacia allá con el deseo de ir, de brincar y de sentir la mexicanidad.
Los capitalinos celebraron el Grito de Independencia desde el Zócalo (Zurisaddai González/Infobae)
¿Un pensamiento mágico?
Hace unos días, en una entrevista le pregunté a Juan Miguel Zunzunegui qué pensaba sobre lo que pasó en el Mundial.
El controversial autor me respondió que más que verlo como el nacimiento de una nueva colectividad, para él fue sólo el ‘pensamiento mágico’ del mexicano, ese donde se espera lo mejor aunque no siempre se hace todo lo posible para que el resultado sea el triunfo.
Pero el mexicano se esfuerza a diario, trabaja a diario. Muchas veces se sobrepone a un contexto que no le es favorecedor y aún así toma su reserva de energía para salir un martes 15 de septiembre a la calle para celebrar, reír y pasarla bien, aún sin saber si alcanzará metro después.
El Grito
Las 11 de la noche y la presidenta Claudia Sheinbaum sale al balcón. Comienza el Grito de Independencia y tras el clásico ‘Viva México’ suenan las campanadas.
Los capitalinos celebraron el Grito de Independencia desde el Zócalo (Zurisaddai González/Infobae)
Entre la gente la espuma vuelve a hacer su aparición, las cornetas y las banderas ondean, pero no es lo mismo. Después, silencio.
Se apagan algunas luces y de pronto suena musica mexicana. Comienzan los fuegos artificiales y miles de caras giran hacia el cielo. Olor a pólvora y cerveza. Algunos se van.
Las calles vuelven a estar repletas de personas que quieren regresar a sus casas. Al fondo suena Intocable de nuevo, todos corean mientras intentan abrise paso entre la gente. La meta ahora es llegar a casa.
Un niño le rompe un huevo con confeti en la cabeza a su papá. El hombre se ríe y se pierde entre la multitud.
Ya no hay Fan Fest ni una victoria que festejar, pero la ciudad sigue ahí: vestida de verde, blanco y rojo, buscando una razón para creer que la fiesta todavía puede durar un poco más.
con información de Infobae