Historia de Cecilia Flores llega a The New York Times: la madre buscadora que excavó el desierto para encontrar a sus hijos desaparecidos

Su historia revela la crisis de 133 mil desaparecidos en México
Una excavadora abre zanjas de más de 50 metros bajo el sol del norte de México. Al frente del operativo, una mujer besa una pancarta con el rostro de su hijo. La pancarta dice: “Tu madre lucha porque te ama”. Esa mujer es Cecilia Flores, y su historia —documentada esta semana por The New York Times— es una de las más desgarradoras y poderosas que ha producido la crisis de desaparecidos en México.
El hallazgo que estremeció a casi un millón de personas
A finales de marzo de 2025, la Fiscalía de Sonora llamó a Flores con una noticia: posiblemente habían localizado a Marco Antonio, su hijo desaparecido en 2019 a los 32 años. No era la primera vez que le daban ese tipo de aviso —sus esperanzas habían sido frustradas cinco veces anteriores— pero esta vez fue diferente.
En un video que acumuló casi un millón de reproducciones, Flores mostró ante la cámara un fémur encontrado en el desierto. Las pruebas de ADN confirmaron lo que ella ya presentía: eran los restos de Marco Antonio, hallados a apenas 90 metros del lugar donde ella misma había buscado tres años antes, pero tuvo que detenerse cuando confundió el ruido de motocicletas con miembros del cártel acercándose.
Dos hijos desaparecidos. Una misma madre.
Lo que hace singular el caso de Flores, de 53 años y madre de seis hijos, es que dos de ellos han desaparecido. Marco Antonio fue encontrado —en fragmentos— este año. Pero Alejandro, quien tenía 21 años cuando desapareció en 2015, sigue sin aparecer.
Fue precisamente para buscarlo que Flores regresó a vivir a la casa de dos habitaciones de su madre en Sinaloa, tras el entierro de Marco Antonio.
La voz incómoda de las madres buscadoras
El NYT la describe como una de las figuras más destacadas del movimiento de madres buscadorasen México, un país donde más de 133,000 personas han desaparecido, la mayoría en las últimas dos décadas.
Flores fundó Madres Buscadoras de Sonora y opera de forma pública y ruidosa: transmite en vivo sus excavaciones, publica su número telefónico en redes sociales y hasta le pidió información a El Chapo—vía video— para localizar a su hijo, incluyendo su dirección personal en la publicación.
Ese estilo no es bien visto por todas. Mirna Medina, otra fundadora de un colectivo buscador, dejó en claro su distancia: “Ella no nos representa. Lo hacemos discretamente porque intentamos protegernos”.
Amenazas, cuatro horas de sueño y pensamientos de venganza
Flores vive con escolta policial las 24 horas. Su madre, de 70 años, llora cuando habla de ella. Y la propia Flores confiesa que solo duerme cuatro horas por noche, atormentada por pensamientos que describe con crudeza:
“Pensar en la venganza es terrible porque no te deja vivir, no te deja descansar, no te deja en paz”.
El contexto que el gobierno preferiría ignorar
La historia de Flores llega en un momento político delicado. La presidenta Claudia Sheinbaumenfrenta presión creciente tras un informe de expertos de la ONU que calificó las desapariciones en México como generalizadas, sistemáticas y con complicidad de autoridades. Aunque los homicidios han bajado cerca del 40% en su gestión, el número de desaparecidos se ha duplicado desde 2016.
En el campo de Sinaloa, mientras la excavadora zumbaba, Flores encontró un trozo de tela verde andrajosa. Sacó su teléfono y mostró una foto: Alejandro, el día que desapareció, vestía una camisa polo verde.
—Tal vez sea él —dijo.
Con información de Infobae