Editoriales

Crueldad animal, el gran paso hacia una justicia más empática

Por Manuel Cárdenas

En Baja California se ha dado un paso que, más allá de lo simbólico, tiene implicaciones profundas en la evolución del derecho contemporáneo, con una reforma al Código Penal trascendente. Esto tiene por objeto  endurecer las sanciones por maltrato y crueldad animal. 

No es una exageración afirmar que estamos frente a un cambio de paradigma. Lo que antes era un delito marginal, casi decorativo dentro del sistema penal, hoy poco a poco ha tomado forma y comienza a adquirir el peso jurídico que corresponde a una sociedad que aspira a ser más consciente, más ética y, sobre todo, más empática.

Durante años, el maltrato animal fue tratado con una tibieza institucional preocupante. Las penas eran mínimas, la persecución dependía casi siempre de la voluntad de un denunciante y, en la práctica, la impunidad era la regla. El Gobierno del Estado, encabezado por la Gobernadora Marina del Pilar, ha sido un parteaguas para que esto pudiera ser una realidad, pues desde lo personal e institucional se ha manifestado -no solo en discursos- sino también en su actuar, como una Gobernadora Animalista. 

Esta reforma rompe con esa lógica arcaica que segrega a los seres sintientes como objetos o incluso propiedades. Elevar las penas hasta ocho años de prisión en los casos más graves, ampliar los supuestos del delito para incluir el abandono y la desnutrición, y permitir su persecución de oficio, no son ajustes menores, estas son decisiones legislativas que colocan a Baja California en la vanguardia nacional en materia de protección animal.

Pero lo verdaderamente relevante no está solo en el incremento de las sanciones, sino en lo que esto representa desde una perspectiva jurídica de fondo. El derecho está dejando atrás la visión tradicional que concebía a los animales exclusivamente como bienes propiedad de una persona. Hoy, el reconocimiento implícito es distinto, por fin los animales son reconocidos como seres sintientes cuya integridad merece tutela por sí misma. Este cambio, que ya se observa en sistemas jurídicos de otras latitudes, comienza a consolidarse en nuestro estado con fuerza normativa.

De igual forma, la creación de un Registro Estatal de Agresores de Animales refuerza esta lógica preventiva. No se trata únicamente de castigar, sino de evitar la reincidencia y proteger de manera efectiva a los animales. Sin embargo, este tipo de mecanismos también abrirá debates relevantes en materia de derechos fundamentales, particularmente en lo que respecta a la reinserción social y la protección de datos personales. Como toda figura innovadora, su implementación exigirá precisión técnica y vigilancia jurídica.

Ahora bien, sería ingenuo pensar que la sola reforma resolverá el problema. El gran reto comienza a partir de su publicación. Los retos van desde la capacidad institucional para investigar estos delitos con seriedad,  la capacitación de peritos especializados, protocolos claros, así como las propias autoridades. Invertir esfuerzo en una estructura operativa sólida, con sólida una herramienta de justicia efectiva.

En el plano político, la decisión no es menor, pues esta agenda conecta profundamente con la sensibilidad social. La protección animal no genera polarización, pero sí construye legitimidad. Y en un contexto donde otros temas como la seguridad pública enfrentan cuestionamientos constantes, este tipo de reformas permiten reposicionar el discurso gubernamental hacia causas con alto consenso social.

No obstante, la verdadera madurez de una sociedad no se mide únicamente por las leyes que aprueba, sino por su capacidad para hacerlas cumplir. Esta reforma abre la puerta a una justicia más empática, sí, pero también nos obliga a preguntarnos qué tipo de sistema queremos construir: uno que reaccione ante la indignación momentánea o uno que, con seriedad y consistencia, transforme la realidad.

Baja California ha dado un paso importante. Ahora toca que ese paso se convierta en camino. Porque al final, la protección de los animales no es solo una causa noble; es un reflejo directo del nivel de civilización al que aspiramos.

Les mando un abrazo, Manuel Cárdenas.

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