
III Domingo de Cuaresma. Ciclo A
“Un manantial capaz de dar la vida eterna”
Juan 4, 5-42
El agua para consumo humano, agrícola, ganadero e industrial
se está agotando. Su abundancia/escasez es condición
indispensable para el desarrollo de pueblos y ciudades; también
origina nuevos conflictos. ¿Qué está pasando? ¿Por qué? ¿Qué
solución? El uso del agua y su manejo compromete el futuro del
ser humano y su entorno.
Pienso en esta realidad a propósito del tiempo de Cuaresma y
en el Sacramento del Bautismo. No me refiero a que falte agua
para bautizar, sino que el agua con que hemos sido bautizados
parece ‘evaporarse’, ya no influye en la vida de los bautizados.
La Cuaresma nació con la intención de dar los últimos toques
en la preparación de quienes pedían los Sacramentos de
Iniciación Cristiana el gran día de la Pascua. El elemento agua
-como signo principal del bautismo- indicaba el momento clave
para el nuevo nacimiento. Pudiéramos decir que del agua -como
signo sacramental- dependía el futuro de la Iglesia naciente.
Hoy también: el presente y futuro de la Iglesia depende de que
no se seque en nosotros lo que significa el agua bautismal.
Este día hemos escuchado la primera catequesis que recibían
los catecúmenos. El relato se centra en una mujer no judía que
busca el agua para saciar momentáneamente su sed. Ha ido
muchas veces al pozo… Los detalles del Evangelio describen su
situación existencial y el proceso de su fe. La mujer cambia a
medida que encuentra en Cristo la respuesta a la verdad de sus
búsquedas. El desenlace es extraordinario: no sólo encuentra el
agua sino también el manantial capaz de satisfacer todo tipo de
sed. La mujer se convierte en una auténtica misionera del Agua
Viva que ha encontrado.
Escuchar y aceptar esta catequesis en tiempos de sequías nos
hace mucho bien. Los calores de nuestro tiempo nos lanzan a
buscar soluciones a los diferentes tipos de sed queexperimentamos. En los mercados del mundo se ofrecen
incontables garrafones llenos de agua; probamos aquí y allá
pero no logramos satisfacer nuestras más profundas
aspiraciones. Por otra parte, seguimos pidiendo el bautismo,
buscamos agua bendita y la bendición para todo. ‘Deseo…
quiero…’ son expresiones que utilizamos con frecuencia. Se
refieren no sólo a una necesidad fisiológica o emocional sino
también a realidades más profundas; quizás incluyan la sed
profunda de la verdad, como sucedió con la samaritana.
Jesús se revela como agua que quita la sed desde la raíz. La
samaritana acepta la oferta de “Yo soy el Agua Viva…” “Ya no
volverás a tener sed”. Cree incondicionalmente en Él. Es
bautizada en el mismo brocal donde se encuentra con Jesús.
La mayor parte de los sedientos de nuestro tiempo hemos sido
bautizados. Tenemos al alcance de la fe a Jesús, “manantial de
agua viva”. ¿Por qué nos seguimos sentando en otros brocales y
buscando otros pozos? El tiempo de Cuaresma puede ser el
momento fuerte para volver y reencontrarnos con Él. Nuestro
mundo necesita misioneros reconvertidos, capaces de llevar
esta agua a otros sedientos.
En Pascua renovaremos las promesas bautismales y seremos
rociados con el agua bautismal. ¿Qué pasará?
Con mi bendición.
+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas