
III Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A
Domingo de la Palabra de Dios
Fue a Cafarnaúm y se cumplió la profecía de Isaías
Mateo 4, 12-23
La información que surge en tiempo real acerca de hechos
confusos en distintos lugares del país y del mundo van
sembrando cierta pesadez y preocupación en el ánimo de
personas e instituciones. Cada día aparecen más interrogantes,
confusiones, convulsiones, opiniones. ¿Qué pasará? ¿Cuándo y
cómo terminará esta pesadilla?
Las crisis existenciales -personales y sociales- debieran
provocar reflexiones inteligentes, deseos de solidaridad y
colaboración con personas e instituciones para llegar bien
librados a un fin justo y amable. Quisiéramos soluciones
mágicas para los problemas que, ciertamente, no han aparecido
por arte de magia. Ojalá no perdamos la esperanza de que
podemos encontrar una salida que resuelva estructural y
gradualmente las crisis que vivimos. El peor pecado sería
manipular y comerciar con la esperanza de las víctimas.
La palabra de este Domingo de la Palabra de Dios -la única
capaz de trascender personas, instituciones y coyunturas-
proclama que la esperanza activa tiene sentido y es garantía
para llegar bien librados hasta el final, si está fundada y
sostenida en Jesucristo. Contemplemos el escenario evangélico
y saquemos enseñanzas:
• Jesús predica con entusiasmo y valentía ante la tremenda
crisis provocada por el arresto del Bautista. No tiene miedo.
Su esperanza no depende de la psicosis del momento.
• Jesús apuesta a las periferias, no a las soluciones de los
centros de gobierno político y religioso de Jerusalén. Galilea
es señal de que en las tinieblas y las sombras de muerte
puede aparecer el germen de la vida del futuro. “Los que
andaban en tinieblas vieron una gran luz”, proclama el
profeta.• Jesús anuncia el Reino de Dios, es decir, la posibilidad y la
garantía de que el amor, la justicia y la paz pueden ser una
realidad. Dios mismo lo afirma y lo firma en Jesús que
“curaba a la gente de toda enfermedad y dolencia” y en el
testimonio supremo de su muerte en cruz para el perdón de
los pecados. Falta que lo firmemos nosotros por la fe en Él y
la huella visible de la conversión.
• Jesús ha querido necesitar de colaboradores, gente como tú y
yo, que testimoniemos el mensaje de la esperanza. Como
llamó a los discípulos de la primera hora, ahora nos llama en
esta hora. Ojalá que no nos quedemos con los brazos
cruzados ‘viendo en las pantallas’ lo que pasa en las calles y
en los corazones. ¿Le entramos?
Los sucesos que observamos como actores y/o espectadores
interpelan nuestra esperanza. Quizás, por estar subiendo con
fatigas la cuesta de enero, nos encuentran más sensibles. Pero
también puede ser el tiempo oportuno para escuchar ‘hasta el
fondo’ el llamado urgente de la conversión. La paz, la
solidaridad, la confianza, la responsabilidad, la alegría de vivir y
convivir están al alcance de nuestra conversión. El Reino de
Dios está tan cerca como nosotros se lo permitamos.
Con la bendición de Dios.
+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas