Editoriales

Ramos y Pasión 

Domingo de Ramos de la Pasión del Señor. Ciclo A

“Al entrar Jesús en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió”

Mateo 21, 1-11

“¿Eres tú el rey de los judíos?”

Mateo 26,14 – 27,66

El contraste existencial de los protagonistas del Domingo de

Ramos es evidente, los de ayer y los de hoy. Los de ayer

recibieron a Jesús con alegres hosannas y lo despidieron con

estruendosos ‘crucifícales’. Los de hoy lo recibimos con

diferentes estados de ánimo en la casa, las calles, las plazas, los

templos públicos, la pantalla. Quizás, al terminar el día, lo

despidamos con un ‘me gustó’ o ‘no me gustó’. Iniciamos la

Semana Santa 2026 en un ambiente de incertidumbres y

expectativas, siempre en primavera.

Jesús entra bien acompañado a la ciudad de Jerusalén.

Termina solo, traicionado, abandonado. Ha enseñado y

testimoniado la pasión de vivir por una causa sublime: cumplir

la misión encomendada por su Padre. En el dramático

acontecimiento del Gólgota nos muestra la pasión de morir por

nuestra salvación. La pasión de vivir por una causa y la pasión

de morir por ella no se pueden separar. “Todo está consumado”,

dirá levantado en la cruz de la entrega total. El camino de la

pasión es fatigoso pero esperanzador.

Las reacciones de los espectadores son diversas: unos, al pie de

la cruz, otros mirando de lejos; unos, comentan y reclaman,

otros, creen y se arrepienten. Otros, observan el final de la

historia de un hombre desconcertante, nada más. Unas mujeres

esperan el desenlace en silencio, dejan que las lágrimas

recorran las historias dibujadas en sus rostros; miran sin mirar,

ni entender. Quienes miran con esperanza, estarán en el

amanecer del nuevo día de la resurrección.

Este domingo salimos y participamos en procesiones, tejemos

cruces, agitamos ramos y ondeamos las palmas de la esperanza.

Seis años después del inicio de la pandemia podemos aclamarpúblicamente y sin miedo al contagio, al “bendito que viene en

nombre del Señor. Hemos aprendido que la vida es procesión de

ramos y aclamaciones de victoria; pero también que el misterio

de la pasión del Viernes Santo sigue presente en las cruces de

cada día y en las luchas por vivir con dignidad. Los ramos y las

palmas anuncian ya el necesario y esperado Domingo de Pascua

de la Resurrección del Señor.

Celebremos con confianza y esperanza la única llamada

Semana Santa del año 2026. Vivir y morir con pasión es la gran

lección del domingo de Ramos de la Pasión del Señor. Jesús es

el mejor maestro del morir y del vivir, del amar y del esperar.

Sólo necesitamos una fe firme, a prueba de ideologías

pasajeras, pasiones destructoras, ofertas convenencieras.

Oremos confiadamente: “Señor Jesús, cuando no podamos con

nuestros cálices, o con los de los hermanos, envuélvenos en tu

pasión de vivir y de morir. Que no se haga nuestra voluntad

sino la tuya”.

Les deseo una santa Semana Santa.

Con mi bendición.

+ Sigifredo

Obispo de/en Zacatecas