Editoriales

Nueva presencia que nos compromete 

La Ascensión del Señor. Ciclo A

“Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra”

Mateo 28,16-20

La Ascensión del Señor nos encuentra de fiesta en fiesta. El mes

de mayo se caracteriza por estar tapizado de ocasiones para

festejar. En esta semana viene el día del estudiante y, en un

descuido, se cruza también la fiesta de alguien que cumple años

o celebra algún aniversario. Dios quiera que todas las fiestas

terminen bien, dejen una lección en el presente y abonen buena

semilla para el futuro.

Cuando preparamos una fiesta nos preguntamos cómo

celebrarla combinando el pasado recibido, el presente vivido y el

futuro deseable. El pasado lo podemos abarcar a través de las

historias de los pioneros, forjadores, protagonistas. El presente

es visible en las personas de diferentes edades, sus sueños,

logros, luchas, fracasos. ¿El futuro? Aunque alguien se ha

atrevido a narrar la historia del futuro, la realidad es que

solamente podemos desearlo y ponerle bases sólidas, pero no

poseerlo al cien, todavía. Sin embargo, sin anhelos de futuro

pierde sentido el pasado y el presente.

¿Qué futuro tiene la fiesta? ¿Tiene futuro? ¿Cómo serán las

fiestas del futuro? ‘Con el favor de Dios nos vemos el año

q’entra’, terminamos abrazándonos en muchas de nuestras

fiestas. El sentirse a gusto, la paz, el gozo… apuntan a algo más

que el ‘vivir el momento’. El triunfo, la gloria, la victoria se

asoman por las ventanas de la vida y parecen ser parte

integrante de la fiesta que apunta hacia la fiesta sin fin.

En la fiesta de la Ascensión, Cristo aparece triunfante y

glorioso. El misterio-acontecimiento de la Ascensión es descrito

con símbolos de victoria: la nube, las alturas, el ascender, la

gloria. Antes describe el cumplimiento de su misión, asumida y

vivida con valentía y generosidad. El Cristo de Belén, muerto en

el monte Calvario por nuestros pecados, es exaltado, elevado a

los cielos, sentado a la derecha del Padre.

Mateo sitúa el acontecimiento en Galilea, lugar de encrucijada

de los caminos, lugar del inicio del llamado y de la misericordia.Jesús retorna al Padre después de haber recorrido con los

hombres las encrucijadas de la vida. La Ascensión del Señor

despierta en nosotros la esperanza del cielo nuevo y la tierra

nueva; nos manifiesta la belleza y grandiosidad de ese cielo y

nos encomienda la misión de construirlo ya desde ahora en la

tierra.

El “yo estaré con ustedes todos los días”, nos da inmensa

confianza. La Ascensión es la presencia permanente del

Resucitado en/con nosotros. La Iglesia nace y se sostiene desde

esta certeza: el Señor Resucitado acompaña a su pueblo y sigue

actuando en la historia.

Algunos ‘vacilaron’ en aquel tiempo y muchos en el nuestro.

Jesús se va sin que el proceso de fe de los discípulos esté

terminado. Hay un proyecto que realizar para aspirar a un fin

glorioso. Jesús confía en los suyos y en la misión que les

encomienda. Es el inicio del tiempo de la Iglesia, el tiempo de

quienes aceptan el misterio de gloria y se comprometen en la

misión.

El Señor esté con ustedes en todo momento.

Con mi bendición.

+ Sigifredo

Obispo de/en Zacatecas