Editoriales

No Somos los “Dueños”

XXVII Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A

“Arrendará el viñedo a otros viñadores”

Mateo 21,33-43

No hay padre-madre de familia que no espere bien de sus hijos.

Lo hemos visto muchas veces, escuchado, admirado y

agradecido. La preocupación por su educación y formación es

una constante en las personas que generan vida y la

acompañan hasta la edad de la madurez. Después, a esperar los

frutos de lo que se ha sembrado y cultivado. El dicho de la

sabiduría popular es contundente: “nadie sabe para quién

trabaja”. Mejor dicho, sí sabemos: trabajamos para otros sin

saber sus nombres, todavía.

En el plan de salvación de Dios todo estaba preparado para que

la viña diera frutos (primera lectura). El propietario (Dios), como

el máximo padre-madre, trabajó con amoroso cuidado: removió

la tierra, quitó las piedras, escogió las mejores vides, edificó una

torre de vigilancia, excavó un lagar… Luego lo confió a unos

trabajadores y se fue de viaje. Al llegar el tiempo de la cosecha,

el propietario mandó a sus empleados a recoger los frutos. En

lugar de ello encontró violencia, destrucción, muerte. Los

trabajadores se creyeron los dueños e hicieron lo que quisieron;

ni siquiera respetaron al hijo del propietario. Moraleja: cuando

se pierde la relación digna con Dios Padre, ya nada importa; se

pierde todo al pretender ganar a cualquier precio.

La parábola que escuchamos este domingo mueve tapetes en

nuestras responsabilidades como padres e hijos, ciudadanos y

funcionarios, discípulos y pastores. Ser convocados para

trabajar en la viña del Señor no nos da ningún derecho a creer

que la viña es nuestra, que podemos hacer con los demás lo que

nos dé la gana. Todo intento de apropiación (aplica a todos,

también a Iglesia y Estado), de creerse ‘los dueños’ de vidas-

conciencias-haciendas, de ‘ocupar el lugar de Dios’ en aquello

que Dios nos ha confiado, es un atentado contra el mismo Dios

y contra personas, familias, comunidades, pueblos. Es entrar enla parábola como quienes matan a los enviados y a quien se

ponga enfrente.

La emergencia nacional ocasionada por las consecuencias de

engaños, violencias e impunidades cuestiona a todos. La

responsabilidad social es aceptar y manifestar -a quien

corresponda- que hemos estado sitiados por la delincuencia

organizada. Nos corresponde colaborar -con quien corresponda-

para crear condiciones y ambientes favorables donde

convivamos y trabajemos en paz. Si somos buenos hijos

tendremos la sensibilidad y la actitud de hacernos hermanos

corresponsables, cercanos, solidarios. Recordemos que los

frutos esperados son a favor de los que más sufren.

El único propietario de la viña es Dios; su solicitud y amor por

sus hijos están fuera de duda. Nuestra respuesta de hijos tiene

que verse en la reconstrucción afectiva y efectiva de la

esperanza, la paz, la fraternidad, la justica, la verdad, la

confianza. Hacer lo contrario sería querer convertirnos en

dueños de lo que no es nuestro.

Que seamos trabajadores que se sienten y obran como ‘siervos’

que reconocen a Dios Padre y a sus hijos. Todos hermanos,

(Tutti Fratelli), nos ha recordado el finado Papa Francisco.

Con mi afecto y bendición para el mes de octubre y más.

+Sigifredo

Obispo de/en Zacatecas