
El partido que debía presumir la nueva era del ahora Estadio Banorte terminó opacado por un fallecimiento accidental, bloqueos, mala organización y críticas a la remodelación
La reapertura del remodelado Estadio Azteca, ahora rebautizado como Estadio Banorte, prometía una noche histórica rumbo al Mundial este sábado; sin embargo, todo quedó opacado por el fallecimiento accidental de un aficionado, bloqueos en diversos puntos, mala organización para el transporte e ingreso y una lluvia de críticas a la remodelación.El partido México contra Portugalsonaba a escaparate internacional, a ensayo general para la gran cita, a vitrina para presumir el “nuevo” coloso de Santa Úrsula, pero la realidad pegó mucho más fuerte que cualquier discurso inaugural: el partido terminó 0-0, sin alma, sin brillo y completamente rebasado por una cadena de polémicas que convirtió la jornada en un escándalo.Porque al final, lo menos importante fue el marcador, el empate sin goles entre México y Portugal, en un duelo amistoso de preparación, quedó enterrado bajo una noche marcada por el caos para llegar al estadio, la indignación por una remodelación que dejó butacas con visibilidad prácticamente nula y, en el episodio más grave de todos, la muerte de un aficionado tras caer en la zona de palcos.
Crisis mundialista
En la cancha, poco pasó, México y Portugal empataron sin goles en el partido de la reapertura del estadio tras casi dos años de trabajos de renovación.Gonçalo Ramos tuvo la opción más clara al estrellar un balón en el poste, pero fuera de eso el juego dejó muy poco para una noche que pretendía venderse como histórica.
Con bajas en ambos equipos, entre lesionados y ausencias de peso, el espectáculo quedó lejos de las expectativas, pero lo más demoledor es que ni siquiera hizo falta un mal partido para arruinar la noche.La reapertura ya venía rota desde antes del silbatazo, desde horas previas al encuentro comenzaron a acumularse reportes de camiones insuficientes, problemas de traslado desde puntos como el Auditorio Nacional y Six Flags, así como bloqueos que afectaron las rutashacia el estadio.A eso se sumaron manifestaciones en carriles centrales de Periférico Sur, a la altura de la ENAH, con consignas por vivienda digna y contra la gentrificación.El partido inaugural de esta nueva etapa del inmueble se convirtió así en una carrera contrarreloj entre tráfico, cierres y desorganización.
Tragedia inaugural
En ese contexto, la noticia surgió minutos antes del partido, la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) informó que en la zona de palcos un aficionado, presuntamente en estado de ebriedad, intentó bajar del segundo al primer nivel brincando por la parte externa, cayó hasta la planta baja y murió pese a ser atendido por personal médico.
Ese hecho, por sí solo, ya habría marcado cualquier jornada, pero en una noche que pretendía presentar al estadio remodelado como símbolo de modernidad, seguridad y preparación mundialista, el impacto fue monumental.Con ello, la reapertura dejó de ser solo un evento deportivo para convertirse en una noche atravesada por la tragedia.
Remodelación millonaria inútil
Como si todo eso no bastara, la otra gran polémica explotó desde las propias tribunas, aficionados denunciaron que desde las primeras filas, las más cercanas a la cancha, la visibilidad era muy mala o incluso nula.La queja se resumió en una frase demoledora: “Esta es la visibilidad desde la fila 1. No se ve”.Las fotos confirmaron que los aficionados se vieron obligados a ponerse de pie, ante estructuras y barreras que estorban su línea visual, y un efecto dominó que terminó perjudicando también a quienes estaban detrás.
Lo que debía ser una experiencia premium terminó convertido, para varios asistentes, en frustración pura.Y ahí es donde el enojo se viralizó, ya que el estadio pasó por una remodelación de gran escala, pensada para ponerse a la altura de un Mundial, pero aun así dejó sin resolver algo tan elemental como permitir ver bien el partido desde una de las zonas más codiciadas del inmueble.
De sueño a pesadilla
La contradicción de la noche fue evidente, el inmueble reabrió como carta fuerte rumbo a la Copa del Mundo, con una promesa de modernización, relanzamiento e imagen internacional, pero la realidad fue otra: un partido insípido, problemas severos de logística, molestias de aficionados, quejas por la experiencia en tribuna y una muerte que dejó a todos los demás temas en segundo plano.
En vez de una celebración redonda, la reapertura del antiguo Azteca se convirtió en un espejo incómodo de todo lo que no debería pasar en un estadio que está llamado a ser uno de los rostros del Mundial.
Con información de Publimetro