Editoriales

Mateo

X Domingo del tiempo Ordinario, Ciclo A

No he venido a llamar a los justos sino a los pecadores.

Mateo 9, 9-13

Volvemos en las lecturas dominicales al Tiempo Ordinario en su

segunda parte. Como el nombre lo dice, todo lo ordinario de la

vida puede ser iluminado y transformado por la Palabra de

Dios. Decir todo es invitación a pormenorizar las diversas

situaciones por las que pasa el ser humano en su peregrinación

terrena, las luminosas, gloriosas, dolorosas y gozosas. Hoy nos

detenemos en la que orienta la vida en su opción fundamental:

la vocación, el llamado. La propuesta de discípulo aplicado es

Mateo y… también nosotros.

Jesús pasa, de pronto se detiene momentáneamente, invita a

seguirlo. Llama la atención el contraste entre Jesús que pasa y

Mateo que está sentado. ¿Será que está ocupado, estático

pensando solamente en sus asuntos? Es lo que sucede en todo

llamado según el discernimiento vocacional; como que siempre

estamos ocupados en nuestros asuntos, de cualquier tipo. El

tiempo que se ocupa o se pierde en responder es variable. Con

frecuencia, después de los años vividos, recordamos y nos

preguntamos ‘si hubiéramos respondido al primer llamado qué

hubiera pasado’. El texto evangélico es parco, deja un silencio

espacioso para que cada llamado se acomode, discierna y

responda. ¡Qué bello y respetable es todo proceso vocacional!

Jesús llama en serio y espera una respuesta en serio. Mateo

-sentado en la mesa de sus intereses- se levanta y sigue el

llamado y a quien lo ha llamado. Se levanta ¿sólo movimiento

físico? Me parece que aquí levantarse es mucho más que un

movimiento muscular: es resurrección, volver a vivir, decisión

de volver a ser, pensar y actuar de una manera distinta,

recuperar la vida de un modo más pleno, dejar su antiguo oficio

para asumir una misión inimaginable, encontrar el sentido

pleno de la vida.Y lo siguió, afirma contundente el texto evangélico de su autoría.

Momento culminante que supone un proceso de decisión,

lágrimas de dolor y gozo, una voluntad libre que confía en la

fuerza del amor de Dios. A la decisión de cambiar sigue la

determinación de entrar en una relación profunda y estrecha

con Jesús, como discípulo y amigo. Obviamente, la decisión

final en el proceso tendrá sus implicaciones y, al mismo tiempo,

el gozo de dar la vida para generar vida en las comunidades,

tareas y oficios encomendados.

El tiempo ordinario es el tiempo de nuestra vida de cada día y

de todos los días. Nos puede hacer mucho bien pensar,

reflexionar, meditar, contemplar nuestra vida a la luz del

llamado recibido a ser discípulos de Jesús en todas las

‘vocaciones’. Al comulgar, le diremos: Señor, no soy digno de

esta gracia y este llamado. Al regresar a nuestras ocupaciones e

intereses, escucharemos agradecidos: No he venido a llamar a

los justos sino a los pecadores. Todos somos Mateo, en cualquier

circunstancia y vocación específica.

Con mi aprecio y bendición.

+ Sigifredo

Obispo de/en Zacatecas