
Si bien Mario incursionó en la política en su natal Perú, habiendo competido por la Presidencia con Fujimori, lo suyo, para más, es la literatura.
Siempre ha sido un personaje culto y polémico. Yo lo conocí en la presentación de su libro “La fiesta del chivo”, que ocurrió en una librería al sur de la Ciudad de México, donde tuve la oportunidad de platicar brevemente con él. Ya antes lo había conocido en Bogotá en una de entrega de premios de periodismo.
La fiesta del chivo es una reconstrucción novelada de los últimos días y el trágico final de la dictadura de Trujillo en República Dominicana. Es un atractivo relato que por cierto, mucho se parece a otro trabajo de Mario sobre Guatemala: “tiempos recios”, publicado hace unos años.
Si bien Mario incursionó en la política en su natal Perú, habiendo competido por la Presidencia con Fujimori, lo suyo, para más, es la literatura. Es sin duda alguna el mejor narrador en lengua hispana de nuestro tiempo.
En las dos ocasiones que charle con él, fue en torno a su definición del México como “la dictadura perfecta”, donde el partido hegemónico daba oportunidades a todos de convivencia y participación, como diría Huxley, aunque la jaula sea de oro, no deja de ser prisión. Mario con esa declaración ganó múltiples descalificaciones del régimen y de prestigiosos pensadores. Alguien tomó después la frase para elaborar un filme bastante alejado del sentido original.
En sus comentarios, Mario señaló que él admiraba al México de la segunda mitad del siglo XX, su estabilidad pero que extrañaba la ausencia de alternativas. Que todos, o la mayoría de los mexicanos, creíamos que vivíamos en un mundo feliz del que poco más se podría aspirar.
En días pasados, Mario fue nota por la separación de su segunda esposa y a inicios de semana dio la nota de su ingreso al hospital para pagar su cuota de Covid y felizmente hoy leemos que ya la libró. ¡Felicidades!
POR ANTONIO MEZA ESTRADA
COLABORADOR
YERBANIS33@GMAIL.COM