Editoriales

Fe y Compromiso Político 

XXIX Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo A

(O bien: Domingo Mundial de las Misiones)

“Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”

Mateo 22, 15-21

Hoy coinciden el Domund y esta desafiante página del

Evangelio. La misión de la Iglesia y del bautizado en el

apasionante mundo de la política provoca, con frecuencia,

discusiones con difícil resolución. Por otra parte, la relación

Iglesia y Estado no siempre tiene fronteras precisas; en el

caminar no han faltado conflictos de diversa índole. Desde la

Ciudad de Dios (san Agustín, siglo V) hasta la exhortación

apostólica Sobre el amor hacia los pobres (Papa León XIV,

siglo XXI) no han faltado reflexiones sobre la participación de

los cristianos en la construcción de la ciudad.

Las elecciones federales, estatales y locales de 2027 están a la

puerta. Aunque éstas no lo son todo en un país democrático,

constituyen un momento fuerte para definir qué país anhela la

ciudadanía. El cristiano está llamado y es enviado a hacer

presente el Evangelio en todo ámbito y circunstancia.

El texto proclamado este domingo es una invitación a pensar y

accionar los valores del Reino de Dios en las relaciones que

tejen y sostienen la convivencia y el desarrollo de la vida en

sociedad. “Dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del

César” es aceptar la misión y las tareas de personas e

instituciones en sus campos, con responsabilidad y sentido de

colaboración. En principio, no debería haber contradicción

entre amor a Dios y amor al prójimo, caridad política y caridad

cristiana. En todo momento hay que buscar que las relaciones

se den con armonía mirando siempre el bien común.

El Papa Francisco ha reflexionado en la relación de la caridad

política, la caridad social y las tareas pendientes de quien se

considera habitante responsable en este mundo que globaliza la

complejidad. En una reflexión magistral acerca de la

fraternidad, la amistad social y el bien común afirma que“reconocer a cada ser humano como un hermano o una hermana

y buscar una amistad social que integre a todos no son meras

utopías. Exigen la decisión y la capacidad para encontrar los

caminos eficaces que las hagan realmente posibles. Cualquier

empeño en esta línea se convierte en un ejercicio supremo de la

caridad… Cuando un individuo se une a otros para generar

procesos sociales de fraternidad y justicia para todos, entra en

‘el campo de la más amplia caridad, la caridad política… porque

busca el bien común’.” (FT,180) Una mala política sólo privilegia

ambiciones individuales y grupales.

Pudiéramos traducir “dar a Dios lo que es de Dios y al César lo

que es del César” como el poner en práctica el amor al prójimo,

servirlo desde la perspectiva del bien común para ir desterrando

el afán de dominio, la explotación y manipulación de los demás.

El Papa Francisco ha dicho en otra ocasión que “la corrupción es

la polilla de la vocación política” porque pervierte la política y la

religión, la relación con Dios y con el César.

Tenemos tareas urgentes que realizar.

Con mi afecto y bendición.

+ Sigifredo

Obispo de/en Zacatecas