Editoriales

Epifánico Compromiso

El Bautismo del Señor. Ciclo A

“Apenas se bautizó Jesús,

vio que el Espíritu Santo descendía sobre él”

Mateo 3, 13-17

Llama la atención la gran cantidad de ‘manifestaciones’ que hay

durante el año. Los motivos van desde un desfile de candidatas

a reina del kínder hasta manifestaciones que exigen justicia o

reivindican derechos; también, manifestaciones religiosas y de

folklor. Es difícil distinguir cuándo una manifestación es desfile,

protesta, publicidad, procesión, propaganda política, presión

social, medida de fuerza. Hay significados y fines tan variados

como sean las intenciones e intereses de los manifestantes.

Este domingo concluyen las fiestas de Navidad, la

‘manifestación’ más conocida, apreciada y convivida del amor

misericordioso de Dios que nos da a su Hijo como Salvador.

Después de la fiesta de la Epifanía (manifestación) del Señor a

todos los pueblos (representados por los Reyes Magos) viene

otra ‘manifestación’ del Señor preparada por Juan Bautista y

realizada en el contexto del bautismo de Jesús en el Jordán. El

evangelista la describe con los cielos abiertos, el descenso del

Espíritu Santo y la voz que legitima y presenta al Hijo en el

inicio de su vida pública.

No es posible describir en letras e imágenes el profundo

significado del misterio de amor, ternura, compasión y

misericordia del gran acontecimiento salvífico que celebramos

en la historia de ‘aquel tiempo’ y actualizada en el nuestro.

Jesús se mete en la trama de una existencia ordinaria, circula

de incógnito, va y viene por los caminos de Palestina, predica,

discute, amonesta, enseña, ora, hace signos milagrosos,

anuncia y hace presente la llegada del Reino. Invita a que su

manifestación sea acogida en la fe y se muestre en una vida

coherente.

Cada quien sabe lo que le han dejado las fiestas de Navidad y

las celebradas manifestaciones del Señor convertidas entradiciones y fiestas populares. La fiesta del bautismo del Señor

conlleva necesariamente una referencia a nuestro bautismo que

precisa ser ‘manifestado’ en la trama de la vida de cada día.

Bautismo y compromiso cristiano deben ir de la mano en todo

tiempo y entorno.

Hoy inicia el llamado Tiempo Ordinario en la liturgia de la

Iglesia. La celebración dominical -y la de todos los días- nos

recuerda:

o Que el bautismo de Jesús y el nuestro son para celebrarse

y vivirse con sentido de Iglesia.

o Que nuestra misión es ‘manifestar’ a Jesús en el trajinar

de cada día.

o Que el bautismo ha de ser una manifestación que nos

hace protagonistas en la construcción de un mundo más

humano y, por tanto, más de acuerdo al plan de Dios.

o Que el desafío del cristiano es ser coherente con el

bautismo en cualquier ambiente, oficio, estado de vida,

circunstancia de vida.

o Que es necesario y urgente que el nombre registrado en los

archivos parroquiales salga fuera, se ponga al descubierto,

manifieste la dignidad de hijos y la solidaridad de

hermanos; haga ver con obras de misericordia la vocación

de servicio que inició en las aguas de nuestro Jordán.

En pocas palabras, que irradiemos la alegría del Evangelio,

aunque vayamos a contracorriente y seamos perseguidos y

condenados.

Los bendigo y les deseo un bautismo fresco y comprometido.

+ Sigifredo

Obispo de/en Zacatecas