
XVI Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A
“Dejen que crezcan juntos hasta el tiempo de la cosecha”
Mateo 13, 24-43
¿Cómo andamos a mitad de julio, año 2026? Espero que
nuestros deseos se vayan cumpliendo y las esperas tengan un
final feliz con visión de bien común. Clarificar deseos, discernir
la novedad que aportan, cultivarlos bien, educarlos en la verdad
y el amor, lleva su tiempo. En el surco de la vida también hay
esperas que, en un momento dado, pueden hacer desesperar.
No todo el tiempo ‘salen las cosas’ como uno quisiera, ni los
deseos están bien fundamentados. Así como hay en el camino
granos de mostaza, llenos de positividad, puede haber también
la mala vibra de la cizaña que, con su negatividad, puede
destruir la esperanza y echar a perder los deseos.
Los seres humanos no siempre aprovechamos el potencial del
grano de mostaza. Quisiéramos que las consecuencias de las
crisis que vivimos se solucionaran pronto, fácil y gratis; que el
gobierno, los vecinos, la iglesia, los demás solucionaran
nuestros problemas. La realidad es que, así como existe el
grano de mostaza y la levadura, también existe una enorme
variedad de cizañas que pueden arruinar los buenos deseos. Si
no estamos alerta y bien parados, la frustración, el desengaño,
la desconfianza y el egoísmo pueden convertir las esperas en un
infierno.
La palabra que escuchamos este domingo nos advierte que el
mal existe, que la cizaña puede enraizar en el camino, en
cualquier momento. Nuestros granos de mostaza y los gramos
de levadura pueden echarse a perder; existe la posibilidad del
fracaso. Contra la tentación de levantar muros, separar,
arrancar, cortar, dar soluciones fáciles, el Evangelio sugiere la
espera, la paciencia de Dios: “dejen que crezcan juntos hasta el
tiempo de la cosecha…”. Dios da tiempo para que el trigo sea
trigo, la cizaña cambie, la mostaza llegue a ser arbusto, la
levadura dé todo de sí. La conversión a los valores del Reino esun proceso que exige invertir tiempo, ilusiones y pacientes
esperas.
La lección del maestro Jesús nos viene muy bien para los
tiempos convulsos que vivimos. Se trata de dejar que la verdad
sea verdad por sí misma. La paciencia es el tiempo de Dios; el
nuestro, la espera activa, confiada, comprometida. El Reino de
Dios es presencia compasiva, novedad permanente. La cizaña
puede introducir el mal en cálculos mentirosamente interesados
y pervertir los deseos más nobles.
El cristiano está llamado a ser trigo bueno y levadura humilde
en un mundo complejo, tentado en su fragilidad, confundido
por sus ‘supuestos’ saberes. Las ofertas de ‘salvación’ que
promociona el marketing humano pueden confundir el trigo y la
cizaña. Estar despiertos, ser pacientes activos, solidarios
colaboradores, es la tierra buena para sembrar las semillas del
Reino. Dios espera frutos madurados por el amor. Los
resultados inmediatos no entran en el plan de Dios.
Que Dios nos conceda el don del discernimiento, nos dé
serenidad en las esperas y amor fecundo a prueba de todo tipo
de cizañas.
Con mi bendición y afecto.
+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas