
¡Felices Pascuas de Resurrección!
“Él debía resucitar de entre los muertos”
Juan 20,1-9
“Ha resucitado e irá delante de ustedes a Galilea”
Mateo 28, 1-10
“Quédate con nosotros, porque ya es tarde”
Lucas 24,13-35
Hoy, primer domingo de la historia, nos saludamos con las
palabras que anuncian el acontecimiento trascendental que ha
marcado, marca y marcará la historia humana: ¡El Señor
Resucitó! ¡Felices Pascuas de Resurrección! Es el día sin ocaso
que hizo el Señor. Desde entonces podemos saludarnos y
desearnos, con infinita confianza: ¡Buenos días te dé Dios!
¡Buena mañana de resurrección!
La liturgia de este día y los cincuenta que le siguen lo celebra y
expresa con aleluyas, cantos, danzas, flores, luces y todo lo que
contribuye a irradiar el gozo de sabernos amados por Dios y de
tener la garantía de la victoria final.
La Pascua es la manifestación suprema del tanto amó y ama
Dios al mundo. Abre al máximo el horizonte del cumplimiento
de la esperanza humana y garantiza el sentido pleno de la vida
y de todo lo que hay en ella. Es la fiesta que da sentido a todas
las fiestas de la vida y anuncia la fiesta sin fin con el banquete
sin fin; el cielo soñado con los anhelos humanos cumplidos,
llenos hasta el borde. El tiempo pascual irá poniendo a nuestro
alcance la riqueza y los dones del Resucitado y de su Espíritu.
Celebramos la Pascua del Señor en días que no parecen tan
buenos por las secuelas de males que aquejan a la sociedad y
contaminan el tejido social. Ante estas situaciones de
sufrimiento, la celebración de la Pascua nos da la confianza dela presencia del Señor que ilumina nuestro camino y enciende
el corazón para seguir trabajando por la paz; hace que el amor
compasivo sea fecundo y que las comedias y tragedias de la vida
sean pasajeras. Con Él sabemos que el sufrimiento, la
enfermedad y la muerte no tienen ni tendrán la última palabra,
La fiesta de la Pascua del Señor es muy rica en elementos que
pueden alimentar la vida cristiana en cualquier circunstancia.
Entre otros, sobresalen: la esperanza que nos anima, capacita y
dinamiza para vivir con sentido toda nuestra existencia; la
libertad en la verdad y el amor que vence los muros de las
esclavitudes y deja que el corazón humano se haga responsable
de sus decisiones; la alegría que es explosión de un corazón
sanado, que se sabe salvado y enviado a irradiarla. Desde luego,
la paz que brota del corazón de quien se sabe amado y redimido
y está dispuesto a hacerla visible en todos los ambientes.
Celebremos y hagamos fiesta. Nuestro futuro es la Vida sin fin
conseguida por el Señor Resucitado. En este gran día les deseo
una esperanza firme, una auténtica libertad, un gozo que nadie
se los pueda arrebatar, una verdadera y duradera paz.
¡Felices Pascuas de Resurrección!
Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas