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Vía crucis de nuestras mexiquenses

La relación entre la falta de luz y la inseguridad no es casual. Un estudio del Departamento de Policía de Nueva York reveló que mejorar la iluminación puede reducir delitos graves hasta en un 7 por ciento.   

En las noches, donde el bullicio diurno da paso a sombras y silencios, miles de mujeres ajustan su paso, miran hacia atrás y evitan rutas oscuras para volver a casa. Es el vía crucis diario de abuelas, madres, adolescentes y niñas mexiquenses. 

Según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del INEGI, el 71% de las mujeres se siente insegura al transitar por las calles, un porcentaje que se eleva al 75.5% en cajeros automáticos y 67.7% en el transporte público. La falta de alumbrado público no es solo un detalle urbano: es una barrera invisible que limita la libertad de movimiento de la mitad de la población. 

Pero, ¿y si la solución fuera tan básica como poner luminarias? Estudios globales y experiencias locales demuestran que una iluminación adecuada en nuestras calles, no solo disuade a los delincuentes, sino que transforma la percepción de seguridad y reduce la violencia de género en espacios públicos. 

La relación entre la falta de luz y la inseguridad no es casual. Un estudio del Departamento de Policía de Nueva York reveló que mejorar la iluminación puede reducir delitos graves hasta en un 7 por ciento. 

En México, la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares de 2016 indica que el 34.3% de las mujeres ha sufrido violencia sexual en espacios públicos a lo largo de su vida, con la calle como escenario principal (42.7% de los casos de hostigamiento).  

Expertos en urbanismo coinciden. Según un análisis de ONU Mujeres, la iluminación deficiente fomenta “zonas de emboscada” en parques, banquetas y esquinas, donde la visibilidad es nula.

En contraste, una luz bien distribuida promueve la “vigilancia natural”: vecinos que observan desde sus ventanas, peatones que se sienten acompañados y delincuentes que evitan ser identificados. 

Los datos son contundentes. En un experimento aleatorio en complejos habitacionales de Nueva York, la instalación de torres de iluminación intensa redujo los delitos violentos nocturnos en un 36%, según el Crime Lab de la Universidad de Chicago. En Londres y otras ciudades británicas, revisiones sistemáticas muestran una caída promedio del 21% en delitos tras mejoras en el alumbrado.  

En México, el impacto es aún más palpable. En la alcaldía Iztapalapa, el programa “Caminos Mujeres Libres y Seguras” -impulsado por la exjefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum-, ha intervenido 222.5 kilómetros de calles con mejor alumbrado, banquetas ampliadas y videovigilancia. El resultado: una reducción del 28.8% en delitos contra mujeres en los senderos seguros, según la Fiscalía General de Justicia de la CDMX. En zonas como Tlalpan y Cuauhtémoc, los delitos contra mujeres y jóvenes cayeron hasta un 35 por ciento.  

“Si una niña se siente segura en nuestras calles, cualquier otro sector de la población podrá hacerlo”, declaró Clara Brugada, actual jefa de Gobierno, al inaugurar el proyecto “Ciudad Iluminada, Mujer Segura” en junio de 2025, que prioriza la iluminación con perspectiva de género en espacios públicos. 

En Monterrey y Guadalajara, iniciativas similares han logrado caídas del 40% en la incidencia delictiva en rutas intervenidas, según el Colegio de Urbanistas de México (ECUM). 

No basta con “más luz”. La clave está en un diseño inclusivo. Proyectos como los de Viena -pionera en urbanismo feminista- incorporan luces adaptativas que evitan contrastes cegadores y priorizan banquetas, paradas de autobús y parques. En la CDMX, el colectivo Alumbra advierte que iluminar solo avenidas principales puede crear “islas de luz” que aíslan las calles aledañas, aumentando la percepción de riesgo.  

“La iluminación debe ser uniforme, cálida y estratégica: postes a 4-6 metros de altura, con LED de 3000-4000 Kelvin para no deslumbrar”, explica un informe de ArchDaily sobre alumbrado público sensible al género. En Iztapalapa, por ejemplo, se instalaron más de 70 mil luminarias en tres años, priorizando rutas escolares y mercados. 

La inversión en alumbrado no es un lujo: es una herramienta de equidad. Según ONU Mujeres, ciudades como Delhi y Kigali han visto caídas en el acoso sexual tras instalar luces y cámaras en mercados y paradas. En México, el Programa Ciudades y Espacios Públicos Seguros ha demostrado que estas medidas, combinadas con educación y vigilancia comunitaria, reducen la percepción de inseguridad en un 60% entre las mujeres. 

En un país donde la violencia de género cobra cinco vidas diarias, la luz no es un lujo. Es una promesa de libertad. El camino está trazado: iluminar para proteger, para incluir, para que todas puedan ir y venir sin miedo. 

Ayer, la Mesa de Paz se celebró en el Palacio de Gobierno de la capital. Participó en ella el Vicealmirante Daniel Escobedo (nuevo comandante de la Región Naval Central). Ahí se habló de los avances del programa Caminemos Seguras, que es toda una tarea para recuperar espacios públicos con perspectiva de género. 

Con el mejoramiento de las calles y banquetas, colocación de botones de pánico y cámaras de vídeo vigilancia (conectadas al C5), pero sobretodo con la colocación masiva de luminarias, la primera administración, gobernada por una mujer, le apuesta a que niñas, adolescentes y mujeres transiten con seguridad. 

En 11 municipios (de los 125) tenemos alerta de género, y ahí precisamente se ha intensificado la colocación de postes con arbotantes; la iluminación ha cohibido a delincuentes, y las mujeres de esas regiones hoy viven un poquito más tranquilas. 

Falta muchísimo por hacer, pero ese vía crucis de nuestras mexiquenses, debemos de erradicarlo entre todos.

@GustavoRenteria    

gustavo@gusartelecom.com.mx

COLOFÓN: 

*Casi el 69 por ciento de los mexiquenses respalda los programas sociales. 

*El 64% avala el desarrollo económico, y el 62% aprueba los planes de seguridad y transparencia. 

*Según @FactoMetrica, la gobernadora es aprobada por 66.1% de sus gobernados; es decir, dos de cada tres.