Editoriales

Hijos y Colaboradores

XXVI Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A

“El segundo hijo se arrepintió y fue.

Los publicanos y las prostitutas

se les han adelantado en el Reino de Dios”

Mateo 21,28-32

El tema de la viña y los viñadores se hace presente con

insistencia en la liturgia dominical. Pareciera que se hacen

competencia, caminan paralelos, se contradicen. Más bien, se

necesitan, se urgen, pueden trabajar juntos en cualquier

circunstancia. Recordemos que estamos en los tiempos de la

Iglesia en ‘modo sinodal’.

“Ve a trabajar hoy en la viña”, es reto y compromiso para todos.

El campo de la viña en el hoy de nuestro México está lastimado;

además, sufre el flagelo del engaño preelectoral y otros retos. El

dolor de las pérdidas humanas ocasionadas por la violencia, la

terca inseguridad, las inciertas ofertas políticas preelectorales…

son un lenguaje difícil de descifrar y digerir. Lo que estamos

viviendo nos hace pensar en la fragilidad del ser humano, la

inconsistencia de sus agendas, la necesaria participación

ciudadana para revertir tantos males.

Al mismo tiempo, comenzamos a levantar la mirada hacia el

horizonte posible y factible. Salir, levantarse, reconstruir,

continuar, volver a empezar… son verbos activos que indican la

necesidad de volver a intentar caminar hacia una auténtica

democracia. Nos alienta que, cuando hay prójimo en el

horizonte, se despiertan y activan las inimaginables

posibilidades de la fe en Dios, la solidaridad y la fraternidad.

“Venga a nosotros tu Reino… Hágase tu voluntad en la tierra

como en el cielo…” Cuando la Escritura habla de viña, viñador y

viñadores se refiere a la relación de Dios con su pueblo.

También a la responsabilidad de quienes han sido invitados a

trabajar en la viña en las diferentes horas (domingo pasado).

Dios toma en sus manos la pala y el pico, las enlaza con las

nuestras y nos envía a trabajar como hijos y hermanos. Lapresencia de Dios y nuestra presencia fraterna nos hacen

fuertes, portadores de esperanza.

Como en la parábola que escuchamos este domingo, no basta la

buena voluntad, ni las palabras amables, pero sin compromiso.

Dios quiere que el ‘sí’ sea palabra cumplida, como en el día de

la creación cuando la palabra pronunciada creó una nueva

realidad. La bondad que Dios quiere y espera de nosotros es la

que sale del corazón del compromiso de la fe.

Para el cristiano decir ‘sí’ y hacer el ‘sí’ es el camino de la

reconstrucción a corto, mediano y a largo plazo. A los que

primeramente han dicho ‘no’ queda abierta la puerta de la

conversión. No hay ‘no’ que no pueda pasar al ‘sí’; no hay

pecado que no pueda ser perdonado y que anuncie el diseño de

un nuevo proyecto de vida.

“Ve a trabajar hoy en la viña…” Esperamos ser contados entre

los que hicieron la voluntad del Padre al trabajar por el Reino en

las actuales y complejas circunstancias de nuestro país.

Que lo que sembramos en septiembre germine, nazca bien y

fructifique en octubre, en frutos de libertad, verdad en el amor y

en una esperanza que active la creatividad de la caridad.

Con mi afecto y mi bendición al terminar el mes patrio.

+ Sigifredo

Obispo de/en Zacatecas