El cambio climático recae de manera desproporcionada sobre mujeres rurales e indígenas, advierte experta

La falta de agua, las cosechas reducidas y los desplazamientos obligados elevan la carga de cuidados en poblaciones con menor acceso a tierras y decisiones comunitarias
El cambio climático recae de forma desproporcionada sobre las mujeres de comunidades rurales e indígenas, quienes enfrentan escasez de agua, pérdida de cosechas y desplazamientos forzados mientras sostienen tareas cotidianas de cuidado —atribuidas con frecuencia a las mujeres— y, en muchos casos, carecen de acceso equitativo a la tierra y a los espacios de decisión.
La investigadora Mirijam Salfinger, de la Universidad de Viena, sostiene que la crisis ambiental profundiza desigualdades previas y no puede analizarse sólo como un fenómeno físico. Su planteamiento, difundido por Prensa IBERO, vincula el deterioro de la naturaleza con estructuras sociales y económicas que subordinan a ciertos grupos de personas.
La especialista expone que la justicia climática también obliga a revisar quién realiza las labores indispensables para la vida diaria y cuál es el reconocimiento económico y social que recibe por ellas. Desde esa visión, los efectos del calentamiento global se entrelazan con brechas de género, territorio y acceso a recursos.
La escasez de agua y la pérdida de cultivos agravan las brechas
Salfinger participó en el webinar “El cambio climático desde una perspectiva ecofeminista y ética”, organizado por la Cátedra de Teología Feminista y el Departamento de Ciencias Religiosas de la Universidad Iberoamericana. Durante la charla, señaló que los efectos de la emergencia climática no se distribuyen de forma neutral entre hombres y mujeres.
Las mujeres de zonas rurales e indígenastienen una participación central en el cuidado de sus familias y en actividades ligadas a la alimentación y al entorno comunitario. La falta de agua y la reducción de cosechas colocan más presión sobre esas responsabilidades, de acuerdo con la académica.
Los desplazamientos forzados también pueden ampliar las desigualdades existentes. Cuando una comunidad pierde condiciones para cultivar, obtener agua o conservar su territorio, las mujeres enfrentan una carga mayor en la búsqueda de alternativas para sostener a sus hogares.
María Guitia posa una fotografía con su bebé de un año Yeibe Medina sobre su rodilla en su casa cerca de San Francisco de Yare, Venezuela, 18 de febrero de 2019. La pareja vive con los cinco hermanos y padres de Guitia en un cobertizo de una habitación. Con piso de tierra y sin agua corriente. El trabajo es escaso y viven de los pagos por trabajos ocasionales y de una entrega mensual del gobierno de suministros alimentarios básicos fuertemente subsidiados. Se han dedicado a inventar comidas con lo poco que tienen, como las lentejas con plátano de los árboles en su patio trasero. Guitia dijo que su hijo había perdido peso durante los últimos cinco meses hasta que Caritas les dio algunos suplementos nutricionales. REUTERS / Carlos Garcia Rawlins BUSQUE “RAWLINS GUZMAN” PARA ESTA HISTORIA. BÚSQUEDA “UNA IMAGEN MÁS AMPLIA” PARA TODAS LAS HISTORIAS.
La investigadora advierte que muchas de ellas no cuentan con las mismas posibilidades de acceder a la tierra ni participan en igualdad de condiciones en las decisiones sobre los recursos de sus comunidades. Esa falta de representación limita su margen de acción ante fenómenos ambientales que alteran su vida diaria.
El planteamiento ecofeminista busca relacionar esas experiencias con una discusión más amplia sobre la distribución de los cuidados. La pregunta no se limita a los daños provocados por sequías o desplazamientos, sino que incluye el valor otorgado a las tareas que permiten la subsistencia de las personas y de las comunidades.
El ecofeminismo cuestiona la separación entre humanidad y naturaleza
Salfinger cuestiona la idea de que los seres humanos están separados o por encima de la naturaleza. Para la especialista, esa visión permite tratar los recursos naturales como bienes disponibles para la explotación, sin considerar los límites de los sistemas que sostienen la vida.
“El ecofeminismo nos convoca a desmantelar la falacia de que los seres humanos estamos desvinculados de la red de la vida; no se puede defender la dignidad humana sin defender simultáneamente la integridad de los ecosistemas”, sostiene la investigadora.
La académica propone pensar la relación con el entorno desde la interdependencia y la ecodependencia. La primera reconoce que las personas necesitan de otras para vivir; la segunda parte de que la existencia humana depende de los sistemas naturales, como el agua, la tierra y los ciclos de cultivo.
Un pastor camina con su rebaño por un terreno agrietado que ilustra el avance de la aridez en el planeta. (Imagen Ilustrativa Infobae)
Bajo esta mirada, la explotación intensiva de la naturaleza se relaciona con otras formas de dominación. El modelo extractivista, explica la especialista, concentra beneficios mientras traslada costos sociales y ambientales a poblaciones con menor acceso a recursos y poder de decisión.
La charla se realizó el 14 de septiembre como parte de la Cátedra de Teología Feminista de la IBERO. El encuentro reunió a integrantes de la comunidad universitaria para discutir si es posible enfrentar la crisis climática sin modificar las desigualdades sociales que determinan quién recibe sus consecuencias más severas.
con información de Infobae