Editoriales

Un Banquete de Vida 

XVIII Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A

“Comieron todos hasta saciarse”

Mateo 14, 13-21

Hemos escuchado las parábolas de Jesús durante tres

domingos. Hoy el Señor nos predica el Reino no con palabras

sino con acciones concretas: multiplica el pan y da de comer a

una multitud que tiene hambre y busca satisfacer también

otras hambres. Es un banquete de vida y para la vida, a

diferencia del banquete de muerte que Herodes había ofrecido

previamente y que Mateo narra con detalle.

Ya entrados en el después del distractor emocionante y

celebrado mes del mundial de futbol, han aparecido otro tipo de

hambres, carencias y también posibilidades de solución. La

reflexión sobre lo que queda después de manifestaciones de

alegría y/o frustraciones por derrotas y expectativas no

cumplidas, nos proporcionan el dato de hambres de algo que un

mundial de futbol, o de cualquier deporte, no puede satisfacer

¿Quién o quiénes se arriesgan a proponer una respuesta

adecuada a estos intensos momentos? ¿Quiénes ganan y

están dispuestos a multiplicar y compartir las ganancias?

En el Evangelio que escuchamos quince días después del final

de la copa, Jesús se retira para estar a solas después de la

muerte trágica del Bautista. Ora, medita el acontecimiento,

replantea su misión. Para nadie es fácil ‘asimilar’ rápidamente

un hecho que puede cambiar la agenda, los planes a corto plazo

y el sentido de la historia. Todos estamos expuestos a vivir

situaciones similares.

Mientras Jesús vive con intensidad su retiro, la gente se entera,

lo busca, se acerca. La muchedumbre tiene sus necesidades,

contingencias, urgencias, emergencias. No pide soluciones,

simplemente busca, escucha y espera. Jesús se enternece,

siente compasión, descubre que la gente además de los

problemas ‘normales’ de la vida, tiene hambre de algo/alguienmás. Su compasión lo lleva a actuar inmediatamente. Los

discípulos juzgan de otra manera: que se vayan, que se arreglen

como puedan. Jesús no cae en la trampa del pretexto. Lo que

alegan como excusa: “tenemos sólo cinco panes y dos peces”, es

lo que sirve para demostrarles que es suficiente y sobra. Con

Dios como compañero en el banquete de la vida no hace falta

tener todo lo que creemos que necesitamos.

No sabemos cómo vamos a salir de las incertidumbres y las

experiencias confusas que vivimos. Vamos aprendiendo que

nuestros cálculos se quedan cortos cuando ponemos nuestra

seguridad sólo en nuestra autosuficiencia. Con Dios con

nosotros lo poquito que tenemos es suficiente para alimentar la

esperanza de la gente con la que caminamos.

Muchos santos comenzaron grandes obras sólo con la confianza

puesta en Dios. Que nadie se quede con hambre y su necesidad

porque lo nuestro nos parece poco. Que cada bautizado aporte

su responsabilidad solidaria para que todos tengamos el bocado

de amor que necesitamos. Que todos nos demos cuenta y

aceptemos que podemos poner sobre la mesa lo poco que

tenemos; para muchos puede serlo todo.

Entrega, generosidad, responsabilidad, solidaridad, fraternidad

pueden ser la traducción posmoderna de la multiplicación de

los panes en tiempos de emociones fuertes, pero débiles y con

fechas de pronta caducidad.

Con deseos bendecidos para el mes de agosto todavía con sus

descansos y, también, sus vueltas y regresos.

+ Sigifredo

Obispo de/en Zacatecas