Diego Luna recuerda su infancia a través de México 86: “Es hablar de mi primer acercamiento al futbol”

Aunque se trata de una ficción basada en hechos reales, la historia de cómo México logró quedarse con el mundial resulta tan divertida como inverosímil
Hay historias que parecen inventadas, pero que ocurrieron realmente. México 86 parte precisamente de una de ellas: la forma en que el país consiguió organizar una Copa del Mundo en medio de una de las épocas más complejas de su historia reciente.La nueva película, dirigida por Gabriel Ripstein y escrita por Daniel Krauze, sigue a Martín de la Torre, personaje interpretado por Diego Luna. Se trata de un burócrata de medio pelo, atrapado en una existencia gris, pero impulsado por una pasión absoluta por el futbol y por la ilusión de ver a México convertirse en campeón del mundo.
Su trabajo dentro de la FEMEXFUT lo coloca en medio de una trama donde el deporte se mezcla con intereses políticos, luchas de poder y decisiones que terminarían marcando el rumbo del futbol mexicano.
Para Diego Luna, el proyecto también significó un reencuentro con una parte fundamental de su propia historia.
“Pues es que, en realidad, yo no siento que me haya ido a ningún lado. Lo que pasa es que sí siento como que la televisión se hizo presente. Entre Narcos, Andor y La Máquina, que son las últimas cosas que había hecho como actor, estamos hablando de casi ocho años de mi vida. Por eso es que no había dirigido, porque la televisión, si bien se puede hacer con mucha atención al detalle, con un rigor cinematográfico, no te deja respirar. Estás o preparando, o filmando, o promoviendo, y ya empieza la rueda otra vez. Y eso que en Andor y Narcossolo me comprometí a hacer dos temporadas. Si no, nos veríamos en otros diez años”, compartió.Después de varios años concentrado en proyectos televisivos, Luna encontró en México 86 y en Ceniza en la boca la oportunidad de volver al lenguaje que más disfruta.
“Lo que me ha traído haber hechoCeniza en la boca y haberme involucrado en México 86, tanto como actor como productor, es la certeza de que a mí lo que me gusta es el lenguaje cinematográfico. A mí lo que me gustan son las historias que tienen principio y final y, si pueden durar dos horas o menos, mejor. Así me gusta contar historias. Así aprendí a ver como espectador también. Ese es el cine que me forjó, que me hizo querer hacer cine y creer que podía aportar algo”.
Además, ambas producciones le permitieron regresar a historias profundamente conectadas con sus raíces.“Muy contento de que en ambos proyectos regreso a contar historias que comparten un contexto muy mexicano. Aunque una sucede mucho fuera de México, es una historia mexicana o latinoamericana que sucede en buena parte en España. Y México 86 es hablar de mi infancia. Es hablar de mi primer acercamiento al futbol, una relación que empezó ahí y no ha terminado. Y un México que tengo muy grabado porque yo estaba, en el 85, con 6 años, en la Ciudad de México cuando pasó el terremoto. Lo viví y lo tengo como una experiencia muy viva en mi memoria”.
El Mundial como reflejo de un país
Aunque la película gira alrededor de la organización de la Copa del Mundo de 1986, para Luna el verdadero corazón de la historia está en otro lado.“Para mí, entre líneas, esta película de lo que trata es de la caída del PRI, de la caída de un sistema. En el 85 ya se venía autodestruyendo esta institución tan imponente que era el PRI en nuestro país. Este Estado, como le llama José Agustín, la monarquía institucionalizada. Cambian las caras, cambian las cabezas, pero el sistema es uno. Y ya se venía desmoronando. En el 85 pierde toda popularidad cuando la gente de la Ciudad de México se siente abandonada por el Estado. Cuando esta sensación de que el Estado está para protegerte y lo necesitas y de pronto no llega es una certeza brutal”.
Sin embargo, el actor también recuerda que de aquella tragedia surgió una de las respuestas ciudadanas más importantes en la historia moderna del país.“También está la certeza en lo comunitario que nos trae el 85. En esa respuesta social, en ese momento en el que se borran clases sociales, en que la gente sale y ayuda, en que todos tenemos una conexión con la pérdida y por ende somos empáticos a la pérdida de otros. Yo creo que ahí se finca eso, el cómo de pronto se desmorona un sistema. En el 88 se vuelve evidente cuando pierden las elecciones y después lo demás lo conocemos muy bien”.
Según Luna, el personaje que interpreta funciona como una representación de ese aparato político.“Este personaje simboliza, según yo, al Estado. Simboliza a ese burócrata que está decidido a entregarle todo, hasta su propia moral; a comprometer su ética, sus valores y todas sus relaciones con tal de buscar esa posición de poder dentro de un sistema que después lo desecha”.
Para él, los mundiales siempre son una ventana para observar mucho más que futbol.“Como todos los mundiales, el Mundial es un gran pretexto para asomarnos a ver un contexto, una complejidad social y política. Ya veremos quién hace la película del 2026 y todo lo que este Mundial te va a servir para contar. Un anfitrión hoy (Estados Unidos) que declaradamente está peleándose con el mundo entero, pero que por unas semanas pretende recibir a todos en su país en un encuentro que trata de la equidad, de la justicia, de la comunión, de celebrar la diversidad y la inclusión. Donde hay una cosa que se llama futbol que según esto le da la oportunidad al más pobre de ponerse al tú por tú con el más rico. Donde el más débil puede ganar de pronto. Todo eso pasa en un contexto social que parece totalmente adverso. Creo que hasta en ese sentido se pueden establecer paralelos entre el 86 y este Mundial que estamos viviendo”.
“El partido contra Alemania nos lo robaron”
Entre los recuerdos que conserva de aquella Copa del Mundo, Luna no duda en defender a la selección mexicana de 1986.“Sin duda lo que pasa en el 86, que es por lo que creo que vale la pena contar esta historia, es que sí hay algunas cosas que se hacen de forma diferente. En el 86 daba la sensación de que ese equipo realmente podía ser algo importante. Es más, el partido contra Alemania nos lo robaron. Hay que decirlo abiertamente. Fue un robo. Ese partido estaba ganado. Y esa selección hizo las cosas de otra forma. Al punto de que no necesitó al delantero más importante del mundo. No jugó a la altura de las expectativas y, sin embargo, el equipo hizo maravillas. Manuel Negrete metió un gol que parecía de un jugador de élite. En fin, fue un Mundial que llenó de esperanza”.
Sin embargo, considera que los problemas estructurales terminaron cobrando factura.“Muchos dicen que es la mejor selección de la historia y además tenía al mejor delantero del mundo. Entonces todo hacía suponer que en Italia 90 iban a lograr cosas brutales. Pero es su propio accionar turbio el que acaba poniéndoles una trampa. Es otra vez más la serie de vicios que ya carga el sistema lo que lo acaba hundiendo. Cuando decides sacrificarlo todo por esta idea tan absurda del éxito, te la acaba cobrando. La vida te la cobra”.
Y remata con una reflexión que también atraviesa la película.“En lugar de reconocer tu error, si te pones en el ‘a ver, tráeme pruebas, es tu palabra contra la mía’, siempre hay alguien más chingón y más prepotente que tú que te va a poner en tu lugar. Y así le pasa. La FIFA, a pesar de que México es su gran aliado porque le ha sido útil, en ese momento en el que deja de ser útil se deshacen de él y nos dejan fuera del siguiente Mundial. Cuando el sistema pierde la noción y cree que es más que todo lo que lo ha llevado hasta ahí, te la cobran. Y te la cobran de forma brutal”.
Con información de Publimetro