Editoriales

Orfandad, Memoria, Esperanza 

VI Domingo de Pascua. Ciclo A

“Yo le rogaré al Padre y él les dará otro Paráclito”

Juan 14,15-21

El sexto domingo de Pascua nos encuentra celebrando el día de

la madre y preparando el día del maestro y el del estudiante. El

mismo día 15 de mayo muchos pueblos y comunidades

cristianas celebran a san Isidro Labrador, patrono de quienes

trabajan el campo. El mes de mayo coincide siempre con el

tiempo de Pascua. ¿Qué sería nuestra vida y la de los pueblos

sin sus fiestas ‘tradicionales’ y sus días festivos?

El espíritu de personas y pueblos se hace visible en el sentido

religioso, y éste, en la fe en Dios, en templos con torres que se

rozan con el cielo y en la fiesta anual del santo patrono. Todo

contribuye a crear identidad y alimenta el sentido de

pertenencia de todo un pueblo. La generación del presente se

une con las generaciones del pasado y abre la posibilidad de un

futuro generoso y próvido.

El alma del pueblo no se agota en las expresiones visibles del

momento. Hay manifestaciones de otro orden que lo constituyen

desde dentro, lo forjan para responder bien ante la tribulación y

lo lanzan a luchar ante las diversas situaciones de la vida. Lo

invisible se hace espíritu, genio, estilo, trascendencia. Esto es lo

que está detrás, inspira y proyecta la fiesta y las fiestas.

Cada pueblo escribe la historia de sus luchas y aspiraciones. En

ellas se plasman los ideales que mueven libertades y

voluntades. Los sentimientos de presencias, ausencias,

nostalgias y orfandad, tiñen de varios colores el ambiente. El

pueblo se organiza en patronatos, comités, gobiernos… El papel

del sentido religioso y la fe en Dios determina los días y las

fechas de celebración. Las expresiones de júbilo son ricas en

memoria y esperanza. ‘Nos vemos el año próximo’, grita la gente

al despedirse.Los primeros cristianos tuvieron sus fiestas… Mucho tuvieron

que recordar de sus antepasados en la fe y mucho más que

crear ante la novedad definitiva del Señor Resucitado.

Encontrarse con la persona de Jesucristo debió significar la

necesidad de replantear cómo vivir la vida nueva ofrecida por Él

y la seguridad que daban las tradiciones de sus padres.

El ambiente que se respira al escuchar el Evangelio de este

domingo es de orfandad y despedida; al mismo tiempo, de

esperanza y alegría. Las palabras de Jesús iluminan, animan y

fortalecen. Todo sucede en un ambiente especial, con un futuro

todavía incierto: “Ya no me verán…” “Si me aman cumplirán mis

mandamientos…” “Les daré un Paráclito (defensor) que esté

siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad”. El Señor Jesús

les y nos garantiza su presencia, acompañamiento y defensa.

El regalo del Espíritu de verdad no puede ser más oportuno

ante los retos que tenemos al organizar la fiesta y las fiestas en

el siglo XXI. La mejor forma de corresponder a la presencia del

Señor Resucitado es convertir la fiesta y las fiestas en espacios

de fraterna y solidaria esperanza, en paz y alegría.

Gracias mil, mamás, maestros, agricultores, estudiantes.

Con mi bendición y gratitud.

+ Sigifredo

Obispo de/en Zacatecas