
V Domingo de Pascua. Ciclo A
“Yo soy el camino, la verdad y la vida”
Juan 14,1-12
Este domingo de Pascua coincide, en esta ocasión, con el día de
la santa Cruz; hay fiesta en el ambiente de quienes se dedican y
trabajan en la construcción. También se acerca el día de la
madre; en estos días previos recordamos a miles de madres que
engendraron y custodiaron la vida de sus hijos. Son días que
remueven recuerdos, sentimientos, afectos, presencias,
nostalgias… y todo lo relacionado con la vida en sus variadas
facetas. Muchas gracias, trabajadores de la construcción por
cada espacio construido. Muchas gracias, mamás, por cada hijo
engendrado y cuidado.
En el Evangelio que escuchamos, Jesús anuncia que su partida
está cercana. Tomás, con agudo sentido común, pregunta a
dónde va; necesita entenderlo para saber el camino a transitar y
a quiénes va a invitar para que lo acompañen. El ambiente es
de nervios y ansiedad: el Iscariote acaba de retirarse; quienes
permanecen en esa peculiar sobremesa no saben qué hacer;
están asustados y desconcertados. Quedarse huérfanos no
presagia un buen futuro y eso de que “en la casa de mi Padre
hay muchas habitaciones” está fuera del alcance de su
entendimiento. Felipe, más reservado que Tomás, hace otra
pregunta buscando una digna salida.
La respuesta de Jesús es contundente: “Yo soy el camino, la
verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí”. Sin
embargo, la duda de Tomás persiste. La fe en el Resucitado
exige un largo y fatigoso proceso. Llegar al “Señor mío y Dios
mío”, expresará la aceptación humilde de que Jesús es el
camino, la verdad y la vida. Esto marcará su paso de discípulo a
testigo y apóstol.
Ir al Padre, trabajar por ir al cielo, desear la gloria eterna… no
están en la mochila de nuestros intereses. ¿A qué nos suena en
nuestros días? Nos estamos acostumbrando a pensar sólo acorto plazo, a buscar respuestas inmediatas a la medida, a
cualquier costo. Trascender se queda en las emociones,
urgencias e intereses del momento. Sin embargo, la pregunta
sobre el sentido de la vida sigue agazapada en nuestros anhelos
y luchas de cada día. Lástima que nos conformemos con las
avenidas, veredas y atajos que nos ofrecen los mercados baratos
de la felicidad.
Todos somos –de alguna manera- Tomás y Felipe; aprendamos
de ellos. Las dudas y preguntas sobre el ‘más allá’ tienen la
respuesta en Jesucristo: Él es la verdad verdadera, el camino
seguro, la vida que lleva a la Vida. Si tenemos claro el más allá
sabremos vivir con dignidad el ‘más acá’. Jesucristo es el
camino verdadero de la vida; lo sabemos bien. Falta que lo
creamos y aceptemos en la vida de cada día.
Que el “no pierdan la paz” resuene en nuestros hogares y
construcciones. Es tiempo pascual, tiempo oportuno para mirar
más allá del día y de coyunturas de cualquier tipo.
Felicidades a los albañiles, peones e ingenieros… Felicidades a
todas las mamás, las nuevas y las más experimentadas, las que
sufren ausencias y abandonos, las enfermas y las buscadoras, a
todas todas.
Con mi afecto pastoral y la bendición pascual.
+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas