
El dedazo
Era una facultad metaconstitucional, un don que poseía el dueño del partido, y primer priista del país. Se valía patalear, pero tu carrera se estancaba si no estabas de acuerdo con la decisión de los “tres sectores del partido único”.
Fue la práctica política característica del PRI: todo lo decidía el Presidente de la República. Desde 1929 hasta 1994, los mejores amigos y más leales colaboradores se convertían en diputados, senadores y gobernadores. El dedo divino señalaba, cada seis años, al futuro titular del Ejecutivo, y todos como focas aplaudían.
Era una facultad metaconstitucional, un don que poseía el dueño del partido, y primer priista del país. Se valía patalear, pero tu carrera se estancaba si no estabas de acuerdo con la decisión de los “tres sectores del partido único”.
Era ejemplo de falta de democracia internacional aunque se hacía toda la faramalla completa: precandidaturas, simulacros de consulta a la base, procesos internos, pero al final, el Jefe decidía.
Plutarco Elías Calles inauguró la montada en escena y se consolidó en los 40; los presidentes tenían a sus “tapados”, observando lealtades, negocios, capacidades, riesgo de traiciones y, en el momento indicado, señalaba “al bueno”.
Así Díaz Ordaz se decantó por Echeverría; Don Luis por López Portillo y De la Madrid, por Carlos Salinas de Gortari, por citar algunos ejemplos. Zedillo rompió parcialmente la tradición, con un proceso interno, que llevó a Francisco Labastida a obtener la candidatura.
La derecha criticó esa práctica siempre, pero al llegar al poder hizo lo mismo. ¿Y la izquierda, de verdad no usa el “dedazo”? López Obrador usó las encuestas, para elegir candidato presidencial, y un método muy personal que inauguró: las corcholatas.
En las elecciones del 2027 se usará la misma forma: encuestas ciudadanas para elegir a los “coordinadores de defensa de la transformación”, quienes luego se convierten en candidatos oficiales, para despistar a la autoridad electoral.
Los principios generales, según nos han dicho, miden aceptación, honestidad, cercanía y trabajo territorial. Se busca equilibrio de género, se pone como condición el piso parejo: prohíben actos anticipados, uso de recursos públicos, espectaculares, dádivas, guerra sucia y fake news. Aunque la verdad, todos lo hacen, y ya están en plena campaña.
El método busca darle legitimidad al proceso. Pero, ¿qué pasó en Guerrero? Morena ya destapó a su consejera jurídica como su candidata a gobernadora. Si bien fue un mensaje claro para Salgado Macedonio, los Monreal en Zacatecas y al “Pollo” Gallardo en San Luis Potosí, hay tres posibilidades con ese “dedazo”.
1.-Que sorprendentemente gane la encuesta Esthela Damián, haciendo dudar de los ejercicios demoscópicos que utiliza Morena en todo el país.
2.-Que regresará el método favorito del PRI, donde una persona lo decide todo.
3.-O bien, que engañe a todos, y la abogada únicamente se quede con la alcaldía de Chilpancingo. Es decir, un “splitter”, que todos abanicamos.
COLOFÓN:
*Si entran puros “claudistas” a las cámaras, ¿para qué las encuestas?
*En 2030 lo que importará es ser amigo de la señora.
*¿El dedazo está de vuelta?