
Heberto Castillo
Después de ese grito vino la persecución injusta e implacable. Y mucho se habla del impacto humano, pero poco se habla del impacto familiar.
En pleno conflicto de 1968 en Ciudad Universitaria, físicamente herido (porque habían tratado de detenerlo días antes), a petición de los propios estudiantes y sus colegas maestros, subió al templete y dio quizá, el grito de independencia más patriótico que se ha dado en este país. Fue un acto de gran valentía y un desafío al régimen autoritario.
Después de ese grito vino la persecución injusta e implacable. Y mucho se habla del impacto humano, pero poco se habla del impacto familiar. Yo quiero volver a ver esa historia, pero hoy desde los lentes de una niñita de 10 años, su hija menor. Después vinieron 9 meses de vivir en la clandestinidad.
Llegaron los actos de intimidación por parte de los gobiernos de Díaz Ordaz y Echeverría: quemaron su casa. Y después vino lo peor: la detención. Tuvo que visitar esa niña, durante dos larguísimo años, a su papá en la cárcel de Lecumberri. Lo que hay que entender es que ese personaje no sólo fue un preso político, sino un padre preso político.
Esa persecución marcó a esa niña y creo que la marcó para bien. Más allá de cualquier diferencia política, a mi me da un gusto enorme que ella hoy sea la presidenta del Senado de la República, Laura Itzel Castillo.
Las líneas anteriores son parte del gran homenaje que le hizo el senador Ricardo Anaya al ingeniero que inventó la Tridilosa, ese fabuloso sistema estructural tridimensional mixto de acero y concreto.
La oratoria es el arte de hablar en público con elocuencia, es decir, de expresar ideas de manera clara, fluida, persuasiva y atractiva ante una audiencia. El queretano logró una pieza con estructura, argumentos sólidos, gestos y miradas, para homenajear al papá de la morenista. Quizá su mejor discurso jamás pronunciado.
Dijo el panista que fue un hombre de profundas convicciones de izquierda. Se ha dicho, agregó, que más que ser un ingeniero civil, era un ingeniero cívico, que tuvo la grandeza de acompañar la lucha democrática de México.
Y platicó una anécdota desde la tribuna máxima de la nación: en 1986, después del fraude electoral en Chihuahua, don Luis H. Álvarez emprendió una huelga de hambre. Ya llevaba 40 días en ayuno, y tomó un avión el ingeniero para solidarizarse con don Luis y convencerlo de que ya comiera. Esas palabras que le dijo resuenan todavía en el PAN: “no dé la vida de contado, hay que darla en abonos. Debemos seguir luchando por la democracia”.
Para cerrar, el senador recordó que lo que México necesita no es una columna o un pilar único. Lo que necesitamos es una Tridilosa Democrática.
COLOFÓN:
*En mis inicios en la radio, cuando conducíamos La Noticia y Usted, en Cambio 1530 AM de Grupo Siete, Cuauhtémoc Cárdenas llegó a entrevista acompañado del ingeniero.
*Al salir, bromeó don Heberto: aun no se ha caído el Hotel de México (hoy World Trade Center). Nos explicó que el edificio usó tridilosa.
*Recomendación: un libro, coordinado por Xiuh Tenorio, reflexiona con el lector sobre la polémica elección judicial de 2025. Participan como coautores: Karla Olmos (Heraldo Media Group), Gisela Rubach, Roberto Trad y César Castillejos.
POR GUSTAVO RENTERÍA
COLABORADOR
GUSTAVO@GUSARTELECOM.COM.MX
@GUSTAVORENTERIA