Editoriales

Tentados 

I Domingo de Cuaresma. Ciclo A

“El ayuno y las tentaciones de Jesús”

Mateo 4, 1-11

Hemos iniciado el tiempo litúrgico de Cuaresma con el signo de

la ceniza sobre nuestra cabeza. Esto pudiera parecer

anacrónico, sucio, muy lejos de la sensibilidad del hombre

‘esterilizado’ de nuestro tiempo. A pesar de todo, el miércoles de

ceniza sigue siendo el día del año que contabiliza más visitas a

los templos.

Impresiona ver llegar rostros que reflejan las huellas de la vida,

con sus miedos, luchas y fatigas; al mismo tiempo, muestran

los deseos de volver a la Iglesia, su casa madre, donde un día

con el bautismo, inició el camino de la vida. La decisión de pedir

la ceniza muestra la aceptación de la condición humana y la

memoria viva de haber recibido la luz de la fe.

No hay persona que no permanezca unos minutos hablando

con el Padre de todos después de recibir la ceniza. ¿Qué le

habrán dicho? ¿El fin de la enfermedad y las violencias? ¿Un

buen empleo? ¿Poder vencer la tentación del desánimo, la

desesperanza, la impotencia?

Con este gesto sencillo, humilde y profundo nos hemos puesto,

otra vez, en el camino de la conversión. Ésta incluye volver a

Dios, revisar la misión encomendada, alimentar la esperanza de

una vida que valga la pena… No hay tiempo más oportuno para

buscar y recibir el perdón generoso de Dios y rediseñar una vida

cristiana más acorde al Evangelio.

Contamos con cuarenta días para atravesar el desierto, celebrar

la Pascua de Jesús y visualizar la nuestra. La Cuaresma

convierte el tiempo de cada creyente en oportunidad de oro para

profundizar en la fe, cultivar el amor en todos sus modos,

purificar las intenciones, afianzar las razones que dan sentido a

la vida.La experiencia/testimonio de Jesús al hacer frente al tentador

es guía para quienes han decidido emprender este camino hacia

la Pascua. El discípulo sabe que afrontará las mismas

tentaciones de Jesús, en nuevos entornos y escenarios. Sería

buena inversión espiritual ser empático con Jesús, mirar con

sus ojos y enfrentar con la Palabra en el corazón las diatribas

del maligno. ¿Qué tentaciones? En el fondo son las tres más

determinantes de todo ser humano: comer y subsistir haciendo

a Dios a un lado, querer hacer lo más práctico aunque no sea lo

más conveniente y el deseo de usar la religión con el afán de

dominar a los demás.

Jesús venció la tentación a fuerza de oración, escucha, ayuno y

amor sin reservas. Cómo nos vaya, va a depender de la atención

que prestemos a la Palabra de Dios, una fe sólida, suficiente

lucidez para vencer las descaradas tentaciones de la

mundanidad, la confianza en el plan salvífico de Dios y ser

constantes en el amor sencillo y humilde de cada día. Desde

luego, meditemos el mensaje de Cuaresma 2026 que el Papa

León XIV nos ha enviado recientemente.

“No nos dejes caer en la tentación…”, pedimos diariamente en la

oración que Jesús, vencedor de todas las tentaciones, nos sigue

enseñando. Sigamos su camino, el único que nos puede

conducir a la abundancia y plenitud del Reino de Dios.

Dios derrame su misericordia sobre ovejas y pastores.

+ Sigifredo

Obispo de/en Zacatecas