
Domingo de la Epifanía del Señor
“Hemos venido de oriente para adorar al rey de los judíos”
Mateo 2, 1-12
La estrella de Belén es uno de los signos más conocidos de Navidad:
ubica el pesebre y manifiesta al recién nacido. Sin ello, no pasaría de
ser una estrella más. El bellísimo texto de Mateo que escuchamos en
este día es denso en su contenido, encantador en su trama e
intencional en su desenlace. Por algo ha quedado grabado en la
mente y el corazón de tantas generaciones.
Contemplemos cómo el evangelista va usando contraposiciones para
presentar a Jesús, la manifestación (Epifanía) de Dios a quien hay que
buscar, aceptar, seguir, adorar y anunciar. Dos lugares diferentes:
Jerusalén y Belén. Dos poderes diversos: el rey poderoso (Herodes) y
el pastor humilde (Jesús). Dos emociones fuertes: preocupación en los
de casa y alegría en los extranjeros. Dos actitudes: los que dicen
conocer las Escrituras, pero no creen y los que creen sin conocer las
Escrituras; los que se cierran a la novedad de Dios y los que buscan a
Dios a pesar de la oscuridad; los que pretenden solucionar su soberbia
con sangre de inocentes y los humildes que se postran ante el Niño y
lo adoran.
El relato de Mateo nos sigue fascinando. Es provocativo para quien no
es conformista y busca mirar más allá de las estrellas. Cuatro
lecciones -entre otras- para quienes estrenamos el año 2026:
✓ Buscar a Dios, como aquellos magos, requiere humildad,
apertura de espíritu. Los que están llenos de sí y de sus ideas
nada necesitan, según ellos; es probable que se asfixien en su
toxicidad.
✓ Abrirse a la novedad del Espíritu, como aquellos magos. Creerse
superior a otros, despreciar al pobre e ignorante, defender lo
suyo como lo único bueno y verdadero, no es el camino para
vivir la cercanía con los hermanos y construir la paz.✓ Un corazón humilde y una mente abierta son capaces de
generar diálogo y acogida. Una casa abierta propicia el
encuentro y la ternura. Sólo así se abren las puertas de/para
relaciones humanas fraternas, generosas, solidarias.
✓ Los magos ofrecen dones al Niño y, desde Él, a toda la
humanidad. Dando es como recibimos; entregar nuestra vida es
ampliar la casa común para que todos encuentren acogida, sean
respetados en su dignidad y se conviertan en gente de bien.
El Papa Francisco (Sobre el belén, 1 diciembre, 2019) nos dice que
“los magos enseñan que se puede comenzar desde muy lejos para
llegar a Cristo… Ante el Niño comprenden que Dios, igual que regula
con soberana sabiduría el curso de las estrellas, guía el curso de la
historia, abajando a los poderosos y exaltando a los humildes. Y
ciertamente, llegados a su país, habrán contado este encuentro
sorprendente con el Mesías, inaugurando el viaje del Evangelio entre
las gentes”.
Si esta Navidad sabemos distinguir la estrella de Belén de otras que
ofrece el mercado, nos pondremos en camino, ofreceremos nuestros
dones, adoraremos al Señor del tiempo y de la historia… y diremos
con gozosa esperanza: ¡Feliz, luminoso, generoso, comprometido, año
2026!
Los bendigo con inmensa alegría.
+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas