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Una legalización que criminaliza y discrimina al usuario

Con 82 votos a favor, 18 en contra y 7 abstenciones, el Senado aprobó el dictamen que legaliza la cannabis. Las farmacéuticas, los progres, los neoliberales y las empresas canadienses y gringas deben estar celebrando. Los consumidores no.

ALEJANDRO ALMAZÁN

Senadoras y senadores, soy usuario de cannabis y pasé a decirles que no se feliciten ni se crean eso de que han hecho historia: el dictamen que aprobaron la tarde del 19 de noviembre, donde aparentemente se legaliza la mariguana, nos criminaliza como consumidores, nos discrimina y viola nuestros derechos básicos: al desarrollo de la personalidad, a la salud, a la libre asociación, al cultivo libre sin fines de lucro, a la no discriminación, a la igualdad. El dictamen, lo saben pero no lo dicen, le entrega el negocio a las farmacéuticas y ni siquiera modifica lo que la Suprema Corte les ordenó: la fracción IV del Artículo 245 de la Ley General de Salud, para regular o reclasificar el THC (el psicoactivo de la flor, o sea, la sustancia que “pone”), y de esa manera reconocer que la cannabis tiene utilidad terapéutica.

Senadoras y senadores, como usuario no tengo duda de que en este momento me representa el Movimiento Cannábico Mexicano (MCM), un colectivo de mujeres y hombres a quienes ustedes ignoraron y por eso hoy les traigo su voz. Un colectivo, les decía, que ha resistido la pandemia afuera del Senado, exigiendo lo básico: “primero los derechos y después el mercado”. Pero en este dictamen, el que votaron y que andan celebrando en redes sociales, fue hecho bajo el lema contrario: “primero las farmacéuticas, después el mercado y hasta el último los derechos”, me dijo Pepe, uno de los integrantes del MCM.

Un lema parecido ronda entre los progres y los neoliberales. Se los digo porque hablé con algunos de ellos el fin de semana pasado, durante la Copa Cannábica CDMX que se realizó en un pueblo de Tlalpan. “Yo sólo quiero abrir mi dispensario y hacer negocio”, me dijo uno de ellos. “¿Sí sabes que el dictamen beneficia a las farmacéuticas y, por ende, a las empresas extranjeras?”, le pregunté y se encogió en hombros: no había leído el dictamen. Le expliqué entonces que el Senado pretende que todo aquel emprendedor cannábico que piense ganar plata con la legalización terminará derrotado ante los grandes capitales. “Acabarás vendiendo sábanas y pipas”, le dije y lamenté romperle su pompa de jabón.

Senadoras y senadores, ¿por qué se le da un trato diferenciado y preferencial a las farmacéuticas? ¿por qué no serán regidas por el Instituto Cannábico ni por la Ley de Regulación y Control? ¿Acaso una ley no es para todos? Se los pregunto porque escuché sus debates, tanto en comisiones como en el pleno. Y salvo Emilio Álvarez Icaza (alguien que siempre busca causas que le reditúen), ninguna y ninguno de ustedes tuvieron idea de lo que hablaron, mucho menos lo que discutieron. Eso no lo digo yo, sino un buen amigo que está en el plantón frente al Senado: “Sus asesores son bien mariguanos, pero para el trabajo son bien malos”, me dijo mientras escuchábamos a los oradores, antes de la votación del dictamen.

Oradores, por cierto, que debatieron y votaron según su ignorancia (PAN y Morena), según la línea de la bancada (Morena, PRI) o según la doble moral (Movimiento Ciudadano). “Nadie debatió o votó de acuerdo a los derechos humanos”, me dijo Lupita, otra integrante de MCM.

Senadoras y senadores, esta iniciativa, les decía, viola derechos como al libre desarrollo de la personalidad porque limita a 6 plantas por año, y a 8 si se comparte casa; casa que deberá cumplir las “condiciones y requisitos” que disponga el Instituto Cannábico.

O sea, las autoridades podrán entrar a nuestro living a la hora que quieran. Viola nuestros derechos porque criminaliza la posesión al controlar la cantidad y el tipo de semillas.

“Resulta que será el gobierno quien determine el nivel de THC y CBD, como si hubiera mariguana buena y mariguana mala”, se lee en un boletín del MCM donde se desmenuza el dictamen.

Viola nuestros derechos porque de 5 gramos de posesión legal pasamos a 0 y no a 28 gramos como ustedes creen que votaron. Porque para que esos 28 gramos sean legales deben ser comprados en el mercado. Es decir, los gramos que uno coseche en casa serán ilegales en la calle. Y eso se presta a la extorsión policial.

Viola nuestros derechos porque cualquier persona que nos vea fumando fuera de nuestra casa puede denunciarnos ante la policía. Los viola porque, si fumamos frente a una persona mayor, ésta debe otorgar su consentimiento.

Los viola porque prohíbe los espacios públicos para fumar cannabis. Los viola porque el fumador de nicotina puede prohibirle fumar al usuario de cannabis.

Los viola porque ignora la tesis de la Corte, que dice que la planta, sus resinas, preparados y semillas no representan un peligro grave para la salud pública. Los viola porque no permite “preparar” ni “transformar” la planta.

“No sólo prohíben cocinar con cannabis, sino que criminalizan al usuario y lo ponen en peligro de ser extorsionado por una galleta sin envoltorio”.

Los viola porque crea un registro de consumidores que atenta contra la privacidad. Los viola porque se prohíbe el uso herbolario, ornamental, de construcción, alimenticio o pedagógico de la cannabis. Senadoras y senadores, “lo que hicieron fue mantener la prohibición de la cannabis, sólo que le cambiaron de nombre”, me dijo Pepe que les dijera. “Parecen muy progresistas, pero lo que aprobaron fue el negocio para las farmacéuticas”.

Senadoras y senadores, ustedes dicen que más vale una ley así, que se irá mejorando con el tiempo, a no tener nada. Nosotros, un grupo de consumidores, les decimos que es mejor no tener nada, que perderlo todo.

 

Editor California Medios

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