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Arremete diócesis de Campeche contra petición de AMLO al Papa

En esta fecha en que se cumplen 528 años del encuentro de los dos mundos o también llamada la
conquista de América, en días pasados se ha hecho llegar una carta de López Obrador dirigida al
gobierno español y al Papa Francisco donde menciona que “pidan perdón por los abusos, crímenes y
atropellos contra los pueblos originarios, con ocasión de que en 2021 se cumplirán 500 años de la
conquista de la antigua Tenoxtitlan, hoy Ciudad de México”. “España ya le contestó, y nuestra Iglesia en
varias ocasiones. Tres Papas han pedido perdón por pecados contra los pueblos originarios: lo hizo San
Juan Pablo II en 1992, Benedicto XVI en 2007 y Papa Francisco en 2015 y 2016 y la misma Conferencia
del Episcopado Mexicano responde al vídeo difundido por Andrés Manuel López Obrador en sus
mañaneras.
Mons. Felipe Arizmendi Esquivel, Arzobispo Emérito de San Cristobal de las Casas, ha recordado
que San Juan Pablo II, en República Dominicana el año de 1992 reconoció “con toda verdad los abusos
cometidos debido a la falta de amor de aquellas personas que no supieron ver en los indígenas a
hermanos e hijos del mismo Padre Dios”, pidiendo, “en nombre de Jesucristo, como Pastor de la Iglesia”,
que “perdonen a quienes los han ofendido, que perdonen a todos aquellos que durante estos quinientos
años han sido causa de dolor y sufrimiento para sus antepasados y para ustedes”. También los obispos
en Santo Domingo afirmaron: “Después de haber pedido perdón con el Papa a nuestros hermanos
indígenas y afroamericanos ante la infinita santidad de Dios por todo lo que ha estado marcado por el
pecado, la injusticia y la violencia, queremos desarrollar una evangelización inculturada (SD 248). Y
asumimos compromisos concretos”.
El Papa Benedicto XVI reconoció, de regreso de su Viaje Apostólico a Brasil durante la Audiencia
General, que “el recuerdo de un pasado glorioso no puede ignorar las sombras que acompañaron la
obra de evangelización del continente latinoamericano: “no es posible – decía Benedicto – olvidar los
sufrimientos y las injusticias que infligieron los colonizadores a las poblaciones indígenas, a menudo
pisoteadas en sus derechos humanos fundamentales. Pero la obligatoria mención de esos crímenes
injustificables —por lo demás condenados ya entonces por misioneros como Bartolomé de las Casas y
por teólogos como Francisco de Vitoria, de la Universidad de Salamanca— no debe impedir reconocer
con gratitud la admirable obra que ha llevado a cabo la gracia divina entre esas poblaciones a lo largo
de estos siglos”.
El Papa Francisco en 2015 pidió perdón en Bolivia: “Se han cometido muchos y graves pecados
contra los pueblos originarios de América en nombre de Dios. Lo han reconocido mis antecesores, lo ha
dicho el CELAM, el Consejo Episcopal Latinoamericano, y también quiero decirlo. Al igual que San Juan
Pablo II, pido que la Iglesia -y cito lo que dijo él- ‘se postre ante Dios e implore perdón por los pecados
pasados y presentes de sus hijos’. Y quiero ser muy claro, como lo fue San Juan Pablo II: Pido
humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia, sino por los crímenes contra los
pueblos originarios durante la llamada conquista de América. Y junto a este pedido de perdón, para ser
justos, también quiero que recordemos a millares de sacerdotes, obispos, que se opusieron fuertemente
a la lógica de la espada con la fuerza de la cruz. Hubo pecado, hubo pecado y abundante, y por eso
pedimos perdón, pero allí también donde hubo pecado, donde hubo abundante pecado, sobreabundó la
gracia a través de esos hombres que defendieron la justicia de los pueblos originarios. Les pido también
a todos, creyentes y no creyentes, que se acuerden de tantos obispos, sacerdotes y laicos, que
predicaron y predican la Buena Nueva de Jesús con coraje y mansedumbre, respeto y paz, sin olvidar a
las monjitas que anónimamente recorren nuestros barrios pobres llevando un mensaje de paz y de bien,
que en su paso por esta vida dejaron conmovedoras obras de promoción humana y de amor, muchas
veces junto a los pueblos indígenas incluso hasta el martirio” .
Nos hace mucho bien a todos recordar con obejtividad los acontecimientos pasados para aprender
de ellos y no repetirlos. Es bueno hacer notar lo que hoy en día nadie recurda que la Iglesia ha sido
pionera en los avances culturales, sociales y sobre todo humanitarios de la cultura occidental y de modo
especial en nuestra patria: ha trabajado incansablemente en la educación de los pueblos, universidades,

escuelas e internados; en los servicios sanitarios como: hospitales, orfanatos, asilos, manicomios, etc.
Pero también ha sufrido violencia y persecución por parte del Estado.
Dicho lo anterior cabe mencionar que ningún gobierno ha pedido perdón por lo acontecido en el siglo
XIX y XX contra la Iglesia: el saqueo y la enajenación de bienes temporales como templos,
universidades, colegios, orfanatos, hospitales, cementerios, etc. etc… en tiempos de Benito Juárez,
construidos con sacrificios y dinero del mismo pueblo católico. Ninguno gobierno ha devuelto lo que no
les pertenece. Quien dijo el respeto al derecho ajeno es la paz, no respetó los bienes ajenos.
Otro hecho histórico que no debemos dejar en el pasado es la persecución de Plutarco Elías Calles
contra la Iglesia mexicana donde hubo derramamiento de sangre inocente: sacerdotes y laicos.
Simplmente porque la Iglesia no quiso someterse al régimen del gobierno en turno. Nos han ofrecido
una historia trunca, poco veraz, haciendo héroes de la patria a quienes dejan mucho que decir con sus
acciones. Por mencionar algunos hechos que ya hemos perdonado de antemano, pero no debemos
omitir, para que sucesos tan lamentables no se repitan en el siglo XXI, donde se supone que vivimos en
un país libre soberano, demócrata y se respetan las garantías individuales.
La Iglesia no espera que se le pida perdón para perdonar, ya ha perdonado. No pide poder o
riquezas, su mayor poder es el servicio y su riqueza está en el voluntariado laico. Hay muchas cosas por
recordar, pero de nada sirven si no se tiene la disposición de trabajar unidos por un solo fin, el bien de
los pueblos como subrayaba el Papa san Pablo VI: “Tomar en serio la política en sus diversos niveles
―local, regional, nacional y mundial― es afirmar el deber de cada persona, de toda persona, de conocer
cuál es el contenido y el valor de la opción que se le presenta y según la cual se busca realizar
colectivamente el bien de la ciudad, de la nación, de la humanidad”. Este programa es abierto, pueden
estar de acuerdo todos los políticos, de cualquier procedencia cultural, religiosa o ideologíca, que deseen
trabajar juntos por el bien de la familia humana, practicando aquellas virtudes humanas que son la base
de una buena política: la justicia, la equidad, el respeto mutuo, la sinceridad, la honestidad y la fidelidad.
A este respecto, merece la pena recordar las “bienaventuranzas del político”, propuestas por el cardenal
vietnamita, Siervo de Dios, François-Xavier Nguyễn Vãn Thuận, fallecido en el año 2002, y que fue un
fiel testigo del Evangelio:
Bienaventurado el político que tiene una alta consideración y una profunda conciencia de su papel.
Bienaventurado el político cuya persona refleja credibilidad.
Bienaventurado el político que trabaja por el bien común y no por su propio interés.
Bienaventurado el político que permanece fielmente coherente.
Bienaventurado el político que realiza la unidad.
Bienaventurado el político que está comprometido en llevar a cabo un cambio radical.
Bienaventurado el político que sabe escuchar.
Bienaventurado el político que no tiene miedo
Termino diciendo que la Iglesia está convencida de que la buena política está al servicio de la paz y del
bien común; respeta y promueve los derechos humanos fundamentales, que son igualmente deberes
recíprocos, de modo que se cree entre las generaciones presentes y futuras un vínculo de confianza y
gratitud.
Pbro. Gerardo Casillas González
Vocero de la Diócesis de Campeche

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