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Una abuela y su nieta se sientan a comparar varias rutinas, hoy normales, y entonces batallas que luchar


Estados Unidos - 8 de marzo del 2017 - Fuente: El Pais


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Está sentada en su sillón, el de siempre, desde el que ve la tele en el madrileño barrio de Valdezarza y donde se coloca para trastear con el portátil. Teclea sobre la pantalla del móvil con un solo dedo —el índice de la mano derecha—, con una manicura en verde brillante y a una velocidad turbadora. Modesta Mayo va a cumplir 85 años el próximo junio y sorprende ver a esta mujer menuda manejarse con el WhatsApp y entrar y salir del álbum de fotos del teléfono para buscar un vídeo: quiere enseñar a su nieto haciendo judo.

A su derecha está sentada otra de sus nietas, Natalia Sánchez. Hoy las unen los casi 27 años de esta, y las separan seis décadas y un país que se ha convertido en otro. Natalia es, según Modes (prefiere que la llamen por el diminutivo), la que más la visita; y Modes es, según Natalia, una parte tremendamente importante (y tremendamente divertida) de su vida. En esta ocasión se reúnen para hablar de esas cosas que para la de veintitantos son normales y que para la octogenaria fueron batallas que pelear cada día.

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Lo que Modes nunca pudo hacer

Los siguientes puntos ofrecen una recopilación de algunos cambios legislativos recogidos en el ordenamiento español que han cambiado las circunstancias personales de varias generaciones.

Eligen algunas al azar, como abrir una cuenta del banco. “No pude hasta 1968. Y con permiso, en aquel momento no todos bancos daban crédito a las mujeres”, recuerda Modes. Hasta 1975, la mujer necesitó una autorización de su marido para tener cartilla en una entidad bancaria, algo que, inconscientemente, provoca un leve arqueo de cejas en Natalia: “Con 18 pude tener mi cuenta sin pedir permiso a nadie”.

Aquello no era lo único que requería una firma de consentimiento: también para que ella trabajase (si es que trabajaba después de casarse), hiciese cualquier compraventa, eligiese estudiar o qué estudiar, para disponer de sus propios bienes... Las mujeres pasaban de ser hijas a esposas. De la propiedad paterna a la marital: la dedicación al hogar y el cuidado de este (y de todos los que había dentro) estaba fijada no solo por tradición, sino por ley. Modes sonríe cuando Natalia, con cada respuesta, deja ver que ella no pertenece a nadie. No es un discurso consciente, es la realidad en la que ha crecido.

“Con 18 años podía salir de España sin problemas, y desde entonces tampoco he tenido hora para volver a casa. Mi abuela nunca pudo hacerlo”. Modes cabecea: “Nosotros teníamos que estar a las 22.00 en invierno y media hora más en verano. Y no se te ocurriese llegar tarde...porque te la ganabas seguro”.

Día de la Mujer 2017ampliar foto

Modes y su nieta, Natalia, paseando por Valdezarza, el madrileño barrio de Modes. ANDREA COMAS

Aunque esta mujer de paso todavía ligero deja caer que Mayo del 68 dejó huella, sufrió, como todas, los comentarios por cada paso dado, 20 por delante de la sociedad que la rodeaba. Modes no es cualquier mujer. Y nunca lo ha sido.

En su segundo trabajo en una filatelia —el primero fue como secretaria de dirección del Colegio Mayor Santiago Apóstol— vestía con “falditas imposibles de planchar”, cuenta recordando que a su jefe le gustaban más. No dudó un segundo en aliarse con sus compañeras y extender el uso del pantalón en la oficina. “Eran más cómodos, y ya no estaba prohibido. Nos dio igual lo que dijese. No pudo con nosotras”, dice mientras se atusa el pelo, ahora rubio, a veces rojo fuego, a veces naranja zanahoria.

Su nieta la mira y ve una mujer moderna y atrevida con la que va a cenar al burguer porque a Modes “le flipa” la comida basura; y aunque a ella nunca le han dicho si debía llevar falda o pantalón, es más contenida. “Me pongo lo que quiero, aunque sin extravagancias”, asegura la joven que, al contrario que su abuela, fue directa a sacarse el carné de conducir en cuanto cumplió la mayoría de edad. Para Modes fue una necesidad que empezó con 40 años. “Mi madre estaba orgullosísima, en aquella época era raro que una mujer condujese".

Modesta Mayo, en los años 50.

Modesta Mayo, en los años 50. ÁLBUM FAMILIAR

Tampoco era habitual que las mujeres se separaran de sus maridos. Ella lo hizo en 1982, un año después de que se estrenase la Ley del Divorcio. Ahora, es una abuela libre que no pregunta, no juzga y siempre está encantada de recibir al novio de su nieta cuando se pasa por allí con ella, opositora a Policía después de estudiar Criminología. “Mira, otra cosa que yo no pude haber hecho, porque en la policía eran hombres y a la universidad solo iban las niñas de dinero”.

De ahí, la conversación deriva y Modes recuerda que tienen que ir a la compra: “Aprovecho cuando viene porque me horroriza ir al super”.

“No solo comprar, abuela. Que tú eres diferente hasta para eso”, apunta Natalia.

Modes, entre risas, reconoce: “Pues mira, no, no me gusta cocinar, lo hago cuando vienen todos, y no siempre. Pero no me gusta hacerlo por obligación. Yo me hago un bocadillo de chocolate y me quedo tan rebién”.






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