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Republicanos y demócratas cierran un acuerdo presupuestario sin decidir el futuro de los dreamers


Estados Unidos - 7 de Febrero del 2018 - Fuente: El País


La paz se hizo entre republicanos y demócratas. Y tuvo un coste. En un gesto al borde del abismo, ambos partidos han cerrado hoy un acuerdo presupuestario en el Senado de dos años de duración que excluye la inmigración y aumenta el techo de gasto en 300.000 millones de dólares. El pacto, que aún debe ser refrendado en la Cámara de Representantes, permite evitar un nuevo cierre de la Administración federal, pero deja a los dreamers, cuyo futuro los demócratas habían prometido salvar, bajo la amenaza de deportación.

El reloj corría otra vez en contra. El jueves a medianoche terminaba el plazo para prorrogar los fondos federales. El último desacuerdo, en enero, acarreó la licencia de 800.000 funcionarios durante 60 horas. Entonces, el principal punto de fricción fue el destino de los dreamers, los inmigrantes sin papeles que llegaron a Estados Unidos siendo menores y cuya cobertura legal, por orden del presidente Donald Trump, acaba el 5 de marzo.

Para salvar el escollo, los sectores moderados de los dos partidos forjaron una propuesta de mínimos. Prorrogaban la financiación hasta el 8 de febrero y se comprometían a cerrar un acuerdo migratorio . Era una forma provisionalísima de conciliar los intereses de la Casa Blanca con los de los demócratas, y conseguir así la mayoría cualificada (60 votos sobre 100) que se requería en el Senado, donde los conservadores disponen de 51 escaños. La oferta fue presentada por la oposición no como una capitulación, sino como el inicio del gran debate.

Ahora, a punto de cumplirse el plazo, ambas partes han encontrado la solución dejando fuera justo aquello que iba a centrar su discusión: los dreamers. Su futuro, a menos de un mes de que venza el programa que les da permiso para trabajar, vuelve a ser oscuro. Trump, que llegó a decir el martes que le “encantaría” un cierre de la Administración si no se cumplían sus exigencias, pide 25.000 millones para el muro con México a cambio de darles protección. Una demanda es inasumible para los demócratas y que, para escándalo de sus propios correligionarios, les ha llevado a sortearla.

Eliminada esta espinosa cuestión, ambas fuerzas han logrado un acuerdo fluido, que pone fin a una larga tradición de renovaciones temporales y que, a juzgar por sus primeras declaraciones, sitúa como vencedores a ambos contendientes. “Esto es un éxito del bipartidismo”, afirmó el líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer. “Hemos trabajado duramente para lograr un pacto que beneficie al pueblo americano”, remachó su homólogo republicano, Mitch McConnell.

El compromiso tiene como principales atractivos que acaba con la provisionalidad presupuestaria, sometida a los vaivenes negociadores cada pocos meses, y que aumenta el techo de gasto en 300.000 millones. Parte de este incremento se destinará a obra pública, emergencias y la crisis de los opioides. Unas partidas largamente reclamadas por los demócratas y que en un año de confrontación electoral les permite quitarse un peso de encima. Pero estas bondades quedan eclipsadas por un fracaso evidente: no se ha dado solución a dreamers. Esta falla puede acabar siendo letal para el pacto.

La líder de los demócratas en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, horas antes de que se conociera el acuerdo, anunció que no apoyaría ningún texto que no salvará a este colectivo de migrantes de la deportación. Un bloqueo demócrata en la Cámara Baja no implica el fin del acuerdo. Ahí solo se requiere mayoría absoluta para hacer prosperar una iniciativa de este tipo. Pero dada la posible deserción de congresistas republicanos contrarios a un aumento del gasto público, las posibilidades de naufragio no han desaparecido del todo.






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